La bolsa o la vida

Es verdad que a veces las campañas de la DGT tienen cierto aire de propaganda, de igual forma que es el afán recaudatorio lo que parece inspirar algunas medidas puestas en marcha. La prueba de ello es el incremento en el número de radares en autopistas y autovías de nuestro país. ¿Es para disminuir los accidentes? Me temo que no, porque el 70% de los accidentes se producen en la red secundaria. No hay radares, sino carreteras en mal estado y mal señalizadas. Sería mejor pelear para que haya buenas carreteras. Y ya va siendo hora de que también en los colegios, en vez de tanta Educación para la Ciudadanía o mejor dicho Deseducación para la Ciudadanía, sea obligatorio estudiar seguridad vial.

ANA CARMEN TRUJILLANO MÁLAGA

Todos somos ciudadanos, pero ¿somos todos conductores? ¿Es ya obligatorio conducir? Porque, en caso contrario, no entiendo bien: igual podían enseñarles señales marinas, por si se les ocurre patronear yates. Por cierto, al menos en el colegio público al que va mi hija todos los años tienen unas horas de clase de seguridad vial y acuden al centro un par de policías municipales a explicárselo. ¿Qué más necesitan?

Hace un tiempo fui a un médico y me preguntó si había traído coche. No, no conduzco. Sin decirme nada más, me echó unas gotas en los ojos. Al rato le dije que no veía tres en un burro. “Ya le avisé, pero me dijo que no conducía. Se le pasará en unas pocas horas”. Formidable. Ni me molesté en explicarle que, aunque no condujera, tenía necesidad de leer y escribir esa misma tarde. Tampoco quería que me tomara por un pervertido, un maníaco o un votante del PP. Al parecer, lo único de verdadera importancia que uno puede hacer un jueves por la tarde es pilotar un automóvil: todo lo demás es prescindible.

Doy por descontado el afán recaudatorio de la DGT, pero me causa asombro la psicología de los conductores. Si es para proteger su vida, son incapaces de ponerse el cinturón de seguridad o de respetar el límite de velocidad. En cambio, si se trata de evitar una multa, entonces hacen lo que sea. Por un puñado de euros sí vale la pena. Curioso grupo de ciudadanos los conductores, ¿verdad?