De su bolsillo

La soberbia y la ignorancia forman un muro que no es posible atravesar. He hablado con profesionales sobre la enseñanza diferenciada en la adolescencia. Algunos anglicanos, practicantes o no. Otros norteamericanos, de distintas confesiones religiosas o ninguna. Tenemos distintas opiniones, pero contrastarlas enriquece. Lo que no entiendo es la cerrazón que existe en este país de quienes cierran filas e incluso buscan cerrar colegios por un tema que es opinable. ¿Por qué?

VISI BERNAL LÓPEZ BARCELONA

Nadie “busca cerrar colegios”, señora: lo único que hacen es dejar de soltarles pasta. ¿Se puede abrir un cole sólo para niñas o para niños? Por supuesto que sí. ¿Tenemos obligación de pagárselo los demás? Por supuesto que no. Hay un sistema de enseñanza pública que debe cumplir ciertas condiciones: que sea mixta, que admita a negros o a gitanos o incluso que compartan clase y hasta comedor los pobres y los ricos. Será opinable, pero la mayoría opinamos así. También le pagamos una pasta a un colegio conertado, siempre que cumpla unas normas: entre ellas la no discriminación por sexo. Sencillo, ¿verdad? Usted y unos anglicanos prefieren separar a los chicos de las chicas. Pistonudo, pero se lo pagan de su bolsillo, si no es molestia, porque la mayoría pensamos que el dinero público no debe emplearse así.

Quizá conozca un folleto de san Josemaría Escrivá de Balaguer, el (humilde) marqués de Peralta (tan humilde que, en 1968 solicitó la rehabilitación del título, o más bien falsificación, ya que ni de lejos le correspondía). Se titula Camino y dice (punto 400): “¡Cuántos crímenes se cometen en nombre de la justicia! Si tú vendieras armas de fuego y alguien te diera el precio de una de ellas, para matar con esa arma a tu madre, ¿se la venderías? Pues ¿acaso no te daba su justo precio? Catedrático, periodista, político, hombre de diplomacia: meditad”.

Meditemos: ya no se trata de que paguen, ¡es que encima hay que pagarles! Y tenemos que pagarles, no para que maten a nuestra madre, pero sí para que enseñen de una forma contraria a lo que la mayoría creemos. Va a ser que no. ¡No con nuestra pasta!