¿Es mejor que robar?

“Lo único que pido es respeto”, ha dicho Rosa Aguilar tras acabar mudándose al tentador sol que más calienta. ¡Pues estaría bueno! ¿Qué otra cosa podía pedir, una ovación? No se la darán sus nuevos compañeros, a los que arrebata una silla, ni desde luego sus traicionados votantes cordobeses. Puesto que tenía ideas propias y, al parecer, geniales, en Izquierda Unida le fue ofrecido todo, incluso el cargo de coodinadora general, que, afortunadamente, no aceptó, porque ella “se debía a los cordobeses que la habían votado”. La Alcaldía que en su día logró por méritos propios Julio Anguita, y que ella acabó heredando, se le iba haciendo menos segura de convocatoria en convocatoria. El momento de rentabilizar el caudal político que se le había permitido constituir había llegado. ¿Qué le importaban a ella sus votantes cordobeses o sus camaradas de tantos años de travesía por desierto? Ahora, dado este paso augusto, lo único que pide es respeto.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ CRUZ EL ESCORIAL (MADRID)

Pese a lo que crean los cándidos, la autoridad no la dan los galones ni las voces de mando, no se impone: la concede (o no) el que obedece. Por eso hay quien sólo es autoritario y quien tiene verdadera autoridad. De igual forma, hay quien es respetado y hay quien sólo reclama respeto, como si se le debiera o por caridad.

Esta mendicidad de respeto tiene sus modalidades, como todas. Uno gimotea y enseña pústulas y deformaciones: ¡Un poco de respeto, que yo he sufrido lo mío! Otro promete que no se lo va a gastar en vino y que es para comer: Sólo quiero servir a los ciudadanos. Otro toca el acordeón o te vende un mechero: Me lo estoy ganando, te doy algo a cambio, no pido por caridad. Alguno hay también que, más que pedir, exige con chulería casi amenazadora, convencido de que a ti te sobra y tienes por tanto obligación de dárselo a él.

Parece que esa tía es pordiosera de respeto del último tipo. Resulta que a mí no me sobra: el poco respeto que tengo lo he ganado con mucho esfuerzo y no le voy a dar ni un céntimo a una que se lo gasta todo en vino y langostinos de la Junta. ¿Respeto dice? ¡Que se suba a un andamio y se lo gane trabajando!