¡Libertad para el Papa!

Hoy ya no nos sorprende nada, pero es increíble e intolerante la iniciativa para que el Parlamento repruebe las declaraciones que hizo el Papa sobre el uso del preservativo. Si estos medios laicistas se hubiesen tomado la molestia de leer en su integridad las declaraciones (cosa que no han hecho), habrían comprobado que lo que afirmó fue que el sida “no se superará con la distribución de preservativos”, que no hacen otra cosa que “aumentar los problemas”. Una muestra más de sectarismo y, al mismo tiempo, de profunda ignorancia que llega al escándalo. Si se llegase a admitir esta propuesta, se estaría atentando contra los derechos humanos fundamentales, como la libertad religiosa y la libertad de expresión.

RITA VILLENA MÁLAGA

Así que ya podemos nada menos que ¡atentar contra la libertad religiosa del mismísimo Papa! Ça fait rêver. Todo un planazo para el sábado noche: pedimos una pizza por teléfono y menoscabamos la libertad de culto de un Sumo Pontífice. A ver si lo entiendo: el Papa puede criticar a cualquier parlamento, reprobar las leyes, condenar moralmente y excomulgar a los que se divorcian, abortan, etc., pero un Parlamento no puede decir que reprueba las opiniones de ese señor. ¿Es así? Si no estamos de acuerdo con lo que dice el Papa y lo decimos, ¿atentamos contra la libertad de expresión? ¿Contra el derecho fundamental a que el Papa diga lo que le salga de la tiara sin que nadie rechiste?

Como usted sabe (o no), la libertad de expresión tiene límites: no se puede hacer apología del terrorismo, por ejemplo, ni se puede hacer una caricatura del príncipe Felipe y señora. Hay expresiones delictivas. Este no es, parece, el caso. De momento, ni siquiera súper Garzón ha insinuado la posibilidad de procesar al Papa (pero tampoco es cuestión de darle ideas, ¡cuidado!).

Sin ser delito, hay expresiones que a otros les pueden parecer repugnantes. Este es el caso. El mismo derecho que asiste a este individuo para decir que el condón “aumenta los problemas” me asiste a mí para reprobar su afirmación, ¿no le parece? Y si la mayoría pensamos así, ¿por qué no van a poder decirlo nuestros representantes?