De chándal y tacones

El titular del diario madrileño lo decía todo sobre la maratón: “El primero entró tras vomitar dos veces, los últimos, andando y cogidos del brazo”. Remontándonos a sus orígenes, su inventor griego murió al terminar la primera maratón, buscando el aplauso por su victoria; y su reinventor estadounidense, como ‘jogging’, murió corriendo a los 53 años de un ataque al corazón. La búsqueda del aplauso de otros seguidores de la moda, como andando miles de kilómetros como peregrino o ayunando hasta la anorexia, nos recuerda la reflexión de Oscar Wilde: “Calificar al hombre de animal racional es, al menos, la definición más prematura que conozco”.

FELIPE SEARA NAVARRO MADRID

Según parece, San Obama, la moreneta de Hawai, que tanta devoción suscita en la parroquia peninsular, no siente ningunas ganas de juzgar las torturas en Guantánamo, aunque necesita hacerlo para acelerar su canonización. Qué cáliz, tío.

Sin embargo, podría resolverlo en dos patadas si afirmara que, en realidad, el tan traído y llevado “water-boarding” no era, como se ha dicho por error, una “técnica de interrogación”, qué va, eso son inventos de la prensa: se trata de un nuevo deporte, amigos, y es muy saludable. Todo lo arreglaba con decir: a los presos se les obligaba a hacer ejercicio, sí, pero por su propio bien. La salud de los detenidos era el único objetivo y hay numerosos estudios que demuestran que los ahogamientos simulados estimulan la circulación sanguínea y ayudan a dejar el tabaco. Yo mismo me hago unos cuantos “water-boardings” en familia, cada mañana, y tan pancho.

Pondría de moda el “water-boarding” entre los ejecutivos más ambiciosos. Como es costumbre, a los seis meses, el equipo deportivo acabaría en los balcones, que se llenarían de palanganas de diseño, junto a la oxidada bicicleta de montaña y las inevitables macetas de geranios. En cuanto a la capucha, se convertiría en una prenda confortable, para viajes y para andar por casa, como el chándal. ¿Habrá cosa más fácil? Los supermercados se llenarían de atractivas señoras encapuchadas, con chándal y tacones: arregladas, pero informales, como cantaba Martirio.