Los pilares

Sin pretensión alguna de restar importancia al inmenso dolor de las familias que han perdido a un ser querido y sin ánimo de frivolizar sobre la gravedad del problema que representa y puede representar la gripe porcina, de la extensa información procedente de México lo que más me ha indignado es descubrir que los portadores del contagioso y pandémico virus de la indecencia, aprovechando la situación de necesidad y emergencia, habían multiplicado por cinco el precio de las mascarillas de protección. El Gobierno de México tiene que ser tajante e inflexible con estas deleznables prácticas, y las autoridades de otros países u organismos internacionales que proporcionan y canalizan la ayuda tienen que exigir o establecer los controles adecuados para mantenerla alejada de las sucias manos de la codicia.

ALEJANDRO A. PRIETO ORVIZ GIJÓN (ASTURIAS)

Estoy muy de acuerdo con usted: es una indecencia. Sin embargo, yo tengo oído que esta indecencia es lo que se acostumbra a llamar “ley de la oferta y la demanda”. Si por emergencia, capricho o persuasión publicitaria aumenta la demanda, suben los precios como un cohete supersónico. También tengo entendido que dicha ley es uno de los más sólidos pilares de nuestro sistema económico de mercado libre, como la familia es uno de los pilares de la sociedad y el Papa es uno de los pilares del humor negro contemporáneo. Dicho de otro modo: igual resulta que lo que va a ser una completa indecencia es el capitalismo.

Y usted, ¿qué se ha propuesto? ¿Cargarse a puñetazo limpio un pilar tan firme como el de Zaragoza? ¿Entregar todo el poder a los soviets? ¡Pues no pide que intervenga el Gobierno! ¿Y qué pasa con el libre juego de la oferta y la demanda? Oiga, me da la impresión, es un estalinista partidario de que el Estado interfiera en la economía libre. ¿Qué tendrá de malo la santa codicia bendecida por Adam Smith y la CEOE? Anda que ¡como le pille Vargas Llosa!

Es verdad que esto es una emergencia, pero ¿no lo es la situación del mercado laboral? Entonces ¿por qué sí admitimos aquí la flexibilidad, la desregulación y el sálvese quien pueda? ¿No es acaso una indecencia del mismo tamaño?