Humpty Dumpty

¿Por qué hay algunas personas, la mayoría hombres, a las que les molesta tanto que se utilice un lenguaje no sexista que incluya no solo a los hombres, sino también a la otra mitad de la población mundial, es decir, las mujeres? ¿Será porque les toca el “miembro”, y no solo el físico, sino sobre todo ese al que se refería Freud, ese falo simbólico que representa el poder patriarcal, que por cierto sigue vigente, y casi intacto en todas las sociedades existentes? Lo mismo da que se utilicen palabras reconocidas por la Real Academia de la Lengua, como trabajadoras, o que se utilicen palabras no reconocidas por esta, como miembra, en todos los casos esto toca el “miembro” de algunos que se sienten profundamente molestos con ello ya que sienten peligrar sus privilegios históricos de género.

AMAYA DE MIGUEL TENERIFE

Pues no conozco a nadie a quien le moleste tamaña bobada. ¿De verdad cree que alguien se siente amenazado o en peligro por eso? ¡Ojalá fuera tan fácil! Cuando enseñaba, la violencia de género de los extranjeros me divertía. Si decían “la pierna es una miembra del cuerpo humano”, les corregía, pero, si hubieran aducido que lo hacían por razones religiosas o para luchar contra la falocracia (o el hambre en la India), pues a mí plin, con su pan se lo coman.

Hace poco vi en el autobús a un chaval escribiendo un SMS. Se lo enseñó a otro, que leyó en voz alta: “Eres demasiada buena”… tío, ¿no se dice demasiado?, objetó. El otro, firme: ¡pero es que es una piba, tronco: habrá que decir demasiada! Tienes razón, se disculpó el joven falócrata. No sé qué pensará la Academia (que nunca ha sido de la Lengua, por cierto), pero quizá a la ministra le interese el asunto en su cruzada contra el lenguaje sexista (¿o será sexisto?).

¿Por qué hay algunas personas, la mayoría a sueldo del presupuesto, a las que les da por pensar que el problema es el lenguaje? Mientras vayamos a por las hojas, el rábano (fálico) seguirá a salvo. A veces me pregunto si estas quisicosas en realidad no protegen al machismo, como quien arroja un tasajo al perro, para distraerle y que no ataque de verdad, donde duele.