Gestión del miedo

Me pregunto qué responsabilidad tienen los medios de comunicación en la configuración de nuestro mundo. Hoy, una vez más, nos anuncian el apocalipsis: “La crisis económica mundial se ceba con España, donde el paro puede llegar al 20%”. “Sólo quedan 20 años para detener el cambio climático”. “La OMS eleva el nivel de alerta al grado 5: la pandemia es inminente”. Sólo falta el “Arrepentíos, el final se acerca”. ¿Por qué se empeñan en extender el miedo? ¿Qué tal si informan también sobre la responsabilidad de personas concretas (con nombres y apellidos) en cada uno de estos desastres?

PABLO GONZÁLEZ CABALLERO MADRID

Me parece que el miedo es una herramienta fabulosa de control social. Para mantenernos sometidos y para justificar el abuso de poder, nada mejor que un enemigo, un coco malo, un moro que viene a quitarnos el trabajo y a violar a nuestras hijas y mujeres. Le recomiendo el estupendo State of Fear (Estado de miedo), de Michael Crichton, donde analiza cómo, tras el fin de la Guerra Fría y a falta del peligro rojo y la bomba atómica, la religión ecológica pasó a ser el principal suministro de esa materia prima indispensable para el control social: el miedo.

Con la entusiasta colaboración de la prensa amarilla (¿hay otra?), comenzaron a multiplicarse las amenazas (cambio climático, casquetes derretidos, contaminación, especies que se extinguen, etc.). A menudo, afirma Crichton, con falsificaciones burdas o conjeturas sin fundamento: lo único importante es meter miedo. Por cierto, Crichton escribió este libro (profético), antes de que Al Gore lanzara su cruzada montado en avión privado. Su última novela, Next, es una elegía: ¿podemos vencer el cáncer? La respuesta fue no: también para el autor.

Esto no quiere decir que no haya problemas reales, por supuesto. Sólo que se utilizan para esa gestión del miedo, que está en la base del dominio de los poderosos. Si no hubiera un coco malo, ¿nos resignaríamos a obedecer a cambio de la mafiosa protección de estos tipos? Estamos en peligro, nos dicen, así que por nuestra propia seguridad ellos nos vigilan, tal y como afirman sus cámaras de seguridad.