Libertad, ¿para qué?

Después de que Esperanza Aguirre dijera que no conocía a Javier Tomeo cuando fue candidato al Premio Nobel de Literatura y que confundiera a Saramago con Sara Mago, una supuesta pintora, oímos decir a la nueva ministra de Cultura que los libros en la Red son “asustantes”, palabreja de su propia cosecha. Que circulen libremente por la Red le parece asustante. Asustante o, mejor, preocupante es que una ministra de Cultura esté en contra de Internet. Si le asusta la digitalización de los libros, es que se asusta del progreso.

ANTONIO NADAL PERÍA ZARAGOZA

Para mí que se confunde usted con los Oscar, con Operación Triunfo o con alguna otra cosa de esas de la tele. Por lo que yo sé, la Academia Sueca recibe unas 350 propuestas cada año. Las propuestas recibidas se mantienen en secreto, la Academia no reconoce (y mucho menos anuncia) candidatos oficiales. Teniendo en cuenta que puede formular su propuesta, por ejemplo, cualquier catedrático de universidad o escuela universitaria, pues figúrese: todo quisque puede ser candidato al Nobel. ¿Javier Tomeo? Y usted mismo si tiene un amigo o cuñado que se estire. En realidad, una expresión como “candidato al Nobel” no significa nada.

Cada uno tenemos una sensibilidad diferente ante cómo usan la lengua los demás (je, je). A mí “asustante” no me rechina demasiado, no soy tan asustadizo. La circulación de libros en Internet sí me
preocupa. Usted sabe que Google está digitalizando sin autorización los fondos de muchas bibliotecas. Puede que no me importe difundir gratis mis libros, pero sí me importa que (sin avisarme ni pagarme derechos) Google gane dinero con el fruto de mi Oli-
vetti. No hace falta que se asuste, pero agradezco que la ministra se preocupe (también) de eso.

Ya sé que la propiedad intelectual no es tan respetable como la inmobiliaria, faltaría más. Usted y yo no podemos ni fotocopiar un libro, pero una gran empresa puede digitalizarlo sin permiso (y sin pagar un duro) y sacar beneficio de él. Formidable: una idea de libertad digna de Bill Gates, ese filántropo. Libertad, pero sólo de empresa. ¿Progreso? El de la cuenta de resultados de Google.