Dios no me deja hacerlo

No es normal que mi primo haya sido presidente de mesa electoral cuatro veces, teniendo que dejar su trabajo para asistir a dicha función electoral. ¿No sería mejor que personas que no cobran ni siquiera el desempleo, por haber agotado sus prestaciones, y no tienen ni para comer, ocuparan estas responsabilidades de un solo día? Más de uno tendría con lo pagado por este trabajo qué llevarse a la boca y qué comprar para alimentar a sus hijos o comprarles unas zapatillas o muda, o ropa.

PILAR UDÓ TORREJÓN DE ARDOZ (MADRID)

La solución que se me ocurre es que su primo se declare objetor de conciencia. Que alegue motivos religiosos, eso sí: que su primo se niegue a supervisar una mesa electoral, pues el Altísimo ya vigila por su cuenta, así que ¿no sería una grave, imperdonable ofensa desconfiar de Él? Asunto arreglado.

Al parecer, semejante desvergüenza a los médicos les cuela. Y a los farmacéuticos. Y a los tipos que quieren que sus hijos no cursen una asignatura. ¿Por qué no le iba a funcionar a su primo lo que se le consiente a cualquier meapilas? Tú tienes la única farmacia del pueblo y decides lo que pones al alcance de tus vecinos. ¿Analgésicos? Ni hablar, el dolor lo envía Dios y hay que agradecérselo. Tú eres médico en la Sanidad pública, pero decides no practicar algunos procedimientos quirúrgicos. ¿Una verruga en la nariz? Eso es un don del Señor, yo no se la quito, qué pasa, mi conciencia me lo impide. Tu hijo es un zote, pues vas y objetas: al Todopoderoso, como es sabido, le ofende cualquier geometría que no sea euclidiana (y de la teoría de conjuntos ya ni hablemos). Problema resuelto. Objetas, pero eso sí, te quedas con tu farmacia o tu puesto en la Sanidad pública. Y el zote de tu hijo pasa curso tan campante.

Dígale a su primo que le eche un poco de cara, como los católicos. Basta con improvisar escrúpulos de monja, repulgos de empanada y una conciencia pazguata y estricta, y se libra de lo que no le guste. En España, con un Gobierno socialista, eso cuela siempre. Es un reflejo pavloviano que tienen. ¡Con la Iglesia hemos dado, tronco! Y ya se ponen de rodillas, por si acaso.