Farenheit 451

Era de esperar que la industria tabaquera no se quedara de brazos cruzados ante la presión creciente en defensa de la salud y, por consiguiente, contraria a sus intereses. De un tiempo a esta parte, como señala el diario ‘Público’ en su artículo “En esta película se fuma” (24 de mayo de 2009), podemos comprobar cómo la apología del tabaco va contaminando (nunca mejor dicho) el universo del cine, inculcando así de forma subliminal su consumo al asociarlo a los valores clásicos ‘hollywoodianos’ de machismo y falsa modernidad. Por las mismas razones que han llevado a la prohibición de la publicidad sobre el tabaco, ¿habrá que recurrir a la censura para evitar esta avalancha de publicidad encubierta?

DAVID SEMPAU PALMÓS (GERONA)

Pues no va a quedar más remedio, don David. Todo está repleto de “publicidad encubierta” del sexo, la violencia, el tabaco y el alcohol. Que en una película se fume es, qué duda cabe, “apología del tabaco”, tiene usted razón. Si todo personaje que fumara saliera en la siguiente escena agonizando con un cáncer, aún se podía consentir. Pero qué va, aguantan hasta el The End tan campantes. Ante tal inmoralidad, ¿van a quedarse de brazos cruzados?

Primero, prohibición del tabaco. Nada de medias tintas. ¿Por qué vamos a consentir que un adulto decida fumar? Bastante paciencia han tenido ustedes: han prohibido poner salas de fumadores para que pudiéramos hacerlo sin perjudicar a los demás, han gastado millones en campañas, han prohibido bares para fumadores, etc. No quieren que los demás fumemos y no les hemos hecho caso, así que se prohíbe y en paz. Segundo, censura de hierro en cine, libros, conversaciones privadas, etc. Tercero, pasar a limpio la historia de la cultura, porque no hay derecho a que los niños lean, pongamos, Huckleberry Finn, donde salen niños fumando. O quizá prohibir los libros y el cine, si es necesario.

¿Y luego? Pues nada, a ser todos sanos y felices sin parar, qué caramba. Y al final, como sólo lo hacen por nuestro bien, pues se lo vamos a tener que agradecer. Será, por fin, un mundo feliz. ¿Que habrá que lograrlo por la fuerza? Pero vale la pena, ¿a que sí?