El turista ‘number one’

De las medusas te puedes librar. De los turistas en masa no hay quien te salve, sobre todo en sitios de playa, te rodean y comprimen, no dejan lugar a tu espacio vital. Las medusas están más o menos localizadas y si avisan de su existencia es mejor no bañarse. Los turistas se encuentran por todos lados y a todas las horas del día y de la noche, no te dejan en paz ni en la playa ni cuando te refugias en un apartamento, pues la calle es de todos. Los turistas, mayores o pequeños, son incansables, no se sabe cuándo se toman un reposo o si se turnan para molestar a los pocos seres humanos que necesitan tranquilidad y silencio algunas horas del día. Ser turista playero y convertirte en una persona que emite constantes ruidos, ya sea en forma de gritos o risas, es lo mismo. Medusas y turistas coinciden en la playa, pero no hay que alarmarse por la invasión de medusas, peligrosos son los turistas.

ANTONIO NADAL PERÍA ZARAGOZA

Usted, que no consigue “salvarse de los turistas en masa”, a quien “comprimen su espacio vital”, a quien “no dejan en paz”; usted, que soporta esa “invasión” de “peligrosos” turistas con sus “risas”; usted, ¿quién rayos es? ¿El turista singular? ¿El dueño del chiringuito, al que le arrebatan, como a Hitler, “su” sagrado Lebensraum en la playa, su “espacio vital”? ¿El baranda de la línea de costa? Y, en concreto, ¿qué derecho superior tiene frente a todos los demás? ¿Llegó primero? ¿Por qué usted lo vale? ¿No saben los turistas con quién están hablando?

Comprendo que resulta muy incómodo, y de mal gusto, que la masa también tenga acceso a vacaciones: deberían estar al alcance exclusivo de los selectos orteguianos, las personas singulares, esos “pocos seres humanos que necesitan silencio y tranquilidad”. ¡Tener que codearse con ellos en la playa!
Antes, cuando sólo las familias bien iban a San
Sebastián, eso sí que eran vacaciones, ¿verdad?

Lo lamento, pero todos tenemos derecho a disfrutar de vacaciones, aunque resulte más incómodo (también para los turistas). Quédese en casa, amigo, muy a su sabor, con el cerrojo echado, a salvo la vulgaridad de la masa “municipal y espesa”.