JFK sí; Berlusconi no

El primer ministro italiano es digno de un caso de estudio. Está tan plenamente convencido de que su carrera política no es más que una prolongación de su actividad profesional, que debe de creerse a pies juntillas que es un hecho normal hacer de su capa un sayo con todo lo que se le ponga por delante, como sus problemas con el fisco o, inclusive, con la Justicia. Resulta realmente difícil de entender cómo un personaje tan frívolo puede ser ratificado en las urnas, una vez sí y otra también, por el propio pueblo de su país. Y es que flaco favor supone ello para la democracia.

MAR RAMOS NAVARRO ZARAGOZA

A mí me repele Berlusconi. Sin embargo, en el asunto de las orgías (¡vaya churro de orgías: un viaje del Imserso a Benidorm!) me alarma la gazmoñería de nuestra prensa. Si ha usado un avión oficial para fines privados, que le empapelen por eso (aunque, en el país del Mystère y el Falcon, es un escándalo un poco hipócrita). Sus pasatiempos privados me dan lo mismo.

Puede que sea un impresentable, más salido que una cornisa, machista para vomitar y que abuse de pasta y poder para levantar faldas. Lo mismo que, por ejemplo, John F. Kennedy. ¿Por qué la satiriasis machista de San JFK mola tanto y se habla de su afición a las veline con mal disimulada admiración y, en cambio, con Berlusconi, se rasgan las vestiduras? Los mismos que acusaban a los americanos de puritanismo cuando Clinton ponía a una becaria de rodillas, ponen ahora el grito en el cielo.

Dice Berlusconi que eso es privado y creo que tiene razón. Le acusan de haber prohibido su publicación en Italia. Qué fascista, ¿verdad? A mí lo que me parece desolador es que en España no haría ni siquiera falta prohibirlas. Varios periodistas me han asegurado que, si cualquier periódico español recibiera fotos parecidas de, sin ir más lejos, fiestas del rey Juan Carlos, no haría falta que prohibieran su publicación. ¿Las publicaría acaso El País, como hace con Berlusconi? Ni hablar: se auto-censurarían en nombre del patriotismo, la estabilidad democrática, el respeto institucional o cualquier otra sandez. ¿No da que pensar? ¿No da tristeza y miedo?