Dejad que los niños…

“Yo, Barack Obama, en virtud de la autoridad que me otorga la Constitución y las leyes de los EEEUU, proclamo por la presente al mes de junio de 2009 como mes del orgullo de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales. (…) Reconociendo  “las grandes y duraderas aportaciones de lesbianas, (…) y transexuales a la sociedad americana”, brindando mi “apoyo a sus uniones civiles” y “el reconocimiento del derecho de adopción”. Este comunicado me ha parecido alarmante, dado que, con ocasión de mi labor formadora he entrado en contacto con una niña con un trauma irreparable que ha sido abusada durante años por su madre adoptiva, pederasta y lesbiana. Es peligrosa la ignorancia de los que se rinden al culto gay, cuando se sabe de la estrecha relación entre la homosexualidad masculina o femenina con el abuso de menores. 

MARÍA BRAVO. BARCELONA

Con perdón, señora, no me creo una palabra: ¿qué es eso de que “se sabe” la relación entre homosexualidad y abuso de menores? ¿Quién lo sabe? A mí que me registren. En cambio sí es conocida la “estrecha relación” entre el sacerdocio y el abuso de menores. ¿O usted no ha oído hablar del informe en Irlanda ni lee los periódicos? Supongo que, por la misma regla de tres, le parecerá alarmante que se permita a los curas dedicarse a la enseñanza, ¿verdad? Como usted dice, es peligrosa la ignorancia de los que se rinden al culto católico. Cuando se decida a hacer campaña para impedir que curas y monjas puedan acercarse a menores, no deje de avisar.

Si su “labor formadora” sólo le ha dado a conocer un caso de abuso, no me parece muy representativo, la verdad. Aparte de que es absurdo: una madre adoptiva pederasta y lesbiana es como decir un padre adoptivo pederasta y fontanero. ¿Cuál es la relación? Lo alarmante es que sea pederasta, imagino, no que sea lesbiana o fontanero, ¿verdad? Salvo que usted padezca una aguda homofobia, lo que no me parece ni mal ni bien, pero debería intentar controlarse.

 A mí lo que dice San Obama me suena pamplinero, pero por otras razones. ¿Qué falta hacen las “grandes y duraderas aportaciones” para reconocerle a cualquiera sus derechos?