Lectores in púribus

La buena de Marta Sanz se ha aburrido, pobre. Entre el corsé de la lectura por encargo, el del lumbago y tal vez el de estar leyendo el manuscrito de  su siguiente novela, seguro que tan roja y marchosa como todas las anteriores, el caso es que se ha aburrido. Ha de añadirse que no solo eso sino que además se erige en detentora de cierta ortodoxia acerca de qué es el feminismo. No sé si la escritora pensaba encontrar en el libro un programa de la sección sueca de la IVª Internacional con los planes para la toma del poder del Estado, mas tal vez el corsé o los corsés le han impedido ver críticas certeras, que las hay, a la voracidad capitalista, a los paraísos fiscales, a las mafias y a las laxas legislaciones. Y no sigo por falta de espacio. Creo que Marta Sanz estará de acuerdo conmigo en que Millennium es una novela y no un libro de ciencia política (?). 

 IÑAKI URDANIBIA SARASOLA. SAN SEBASTIÁN 

Si uno dice que una novela le parece espléndida, no pasa nada. Si a Marta (que es amiga mía, vaya por delante) le parece un tostón, es intolerable, y vale hasta la descalificación personal: andará ocupada con su nueva novela rojilla. O leerá con “un corsé” (¡o varios!), repleta de prejuicios (no como usted, libérrimo lector en top-less). Esas “críticas certeras” que Marta no ve, sin embargo existen: son un hecho. Lo dice usted, que lee en bolas, y basta.  

Si uno afirma que la novela es feminista, sólo opina; si a Marta le parece feminismo de pacotilla, “se erige en detentora de cierta ortodoxia”, a diferencia de usted, claro, que no hace más que expresar su punto de vista (súper-heterodoxo, de añadidura, libre de corsés). A Marta le aburre el tal Larsson: ¿tan amenazador le resulta? ¿Tanta ortodoxia hay que imponer incluso a la lectura?  

La ideología, como la muerte, es algo sucio y vulgar; pero, por suerte, sólo les sucede a los demás. Usted, como otros varios millones de felices lectores sin corsé, lee sin anteojeras, libre de ideología, en el vacío, como una novela y nada más. La ideología invisible es, por supuesto, siempre la dominante. Esa nunca interfiere en la lectura: es el lugar mismo desde donde se lee.