Ego te absolvo

El sábado quedamos un grupo de amigos y amigas que hacía tiempo no nos veíamos. Estuvimos charlando toda la tarde y parte de la noche sobre política, la crisis económica, religión, la Italia de Berlusconi, los últimos libros leídos, el cambio climático… Cuando volvíamos a casa mi compañera y yo bien entrada la madrugada, mientras conducía recordé que en ningún momento se habló de Cristiano Ronaldo, de la tercera entrega de Millenium ni de Michael Jackson. Imperdonable.

  

ENRIQUE CHICOTE SERNA. ARGANDA DEL REY (MADRID) 

No se preocupe, yo les perdono de todo corazón. Y aunque nadie les perdonara, ¿qué más da? ¿Acaso no ha merecido la pena? ¿No volverían a hacerlo? ¿En cuánto valoran ustedes el placer irresistible de sentirse especiales, tan distintos al “vulgo municipal y espeso”, separados de esa masa que se deja llevar por las modas y por lo que dicen los periódicos y la tele? ¡Eso no tiene precio, amigo! Y entre nosotros, tampoco les ha salido tan caro: la crisis, Berlusconi, el cambio climático, etc. ¡Si hubieran hablado, hasta “bien entrada la madrugada”, de la Italia de Dante, todavía podían causar algún asombro, ¡pero Berlusconi!  Para obtener esa incomparable sensación de singularidad, usted y sus amigos no han tenido que correr mucho, seamos sinceros. Que tan poco conceda tanta satisfacción y el convencimiento de no ser como los demás parece una oferta propia de las rebajas de julio, ¡imbatible! 

No hablamos de lo que habla todo el mundo: qué maravilla, ¿verdad? Me recuerda un poco al inglés al que un sedicente amigo le quiere abrir los ojos: ¿es que no sabes que todo el mundo se acuesta con tu mujer? El inglés arruga la nariz y le responde: ¿Ah, sí? Caramba, pero no será todo el mundo, hombre: ¡yo no lo hago! 

Entiendo que se sienta orgulloso de ser original y apartarse de la masa, pero piénselo un poco: no es para tanto. ¿A que no? A veces me pregunto si, para alcanzar la edad adulta, no habrá que cruzar el río que separa el “no soy como los demás, aunque lo parezca” del “soy como todos los demás, aunque no lo parezca”. La mayoría, por supuesto, aún estamos entre dos aguas, intentando llegar a la otra orilla.