Una de vaqueros

Oponerse al cierre de Garoña es abogar por el corto plazo, es tomar como rehenes a los trabajadores de la central y ponerlos como mártires de una política concreta. Es fijar el objetivo electoral en pasado mañana, en lugar de hacerlo a veinte años vista. En este lado de la balanza están todos aquellos que necesitan una medalla en los cien metros lisos de forma rápida, antes que poner en marcha políticas, cuyos frutos surjan cuando ellos no estén para recibir el elogio. Apoyar el cierre de Garoña tiene algo de kamikaze político, porque a corto plazo no va a suponer muchos votos a favor y, sin embargo, se sirve en bandeja un poco de carnaza y munición gratuita a la oposición. Porque tomar esta decisión supone el principio del fin de las energías contaminantes y el comienzo real de una apuesta por las energías renovables. No pasa nada por ser coherente. Es la falta de costumbre.  

IGNACIO CABALLERO BOTICA. MADRID

Ok, es un asunto de buenos y malos, como de costumbre. Los malos sólo quieren la recompensa política inmediata, ponerse la medalla, recoger el fruto maduro y demagógico despreocupándose del futuro; para no hablar del secuestro de los trabajadores en aras de sus espurios intereses. Los buenos, en cambio, se sacrifican, sólo piensan en el bien común y, a costa de sí mismos, construyen el porvenir. Formidable, claro.

Las razones del adversario no lo son: son simples justificaciones. El que dice lo contrario piensa igual que nosotros, pero disimula porque le beneficia. Nuestras razones, en cambio, son incluso más nobles de lo que creemos. Los buenos somos así: no nos mueve el afán de lucro, ni el deseo de ganar votos o caer bien, ni nos asusta que nos critiquen; lo único que cuenta para nosotros es el bien superior de la humanidad, qué le vamos a hacer.

Oído, cocina. Cambio y corto. Cuando tenga un rato hablamos de política energética, del precio de cada opción, de seguridad y de independencia, de la diferencia entre renovable y no contaminante (piense en la biomasa o en la energía geotérmica) y de esas quisicosas que ya sé que nada tienen que ver con la bondad y la maldad: es por curiosidad.