El dichoso carácter

Ahora que ha sido la reunión del G-8 en Italia y por si faltara algo en la zona devastada por los terremotos de L´Aquila, donde todavía viven los afectados en tiendas de campaña, me ha venido a la cabeza aquella celebrada en Rusia, donde hubo mucha polémica o mejor chusma del estado en un momento dado del presidente francés Nicolas Sarkozy por culpa supuestamente del vodka. Y todo porque en esta actual he visto una fotografía del ruso Medvedev ayudado por Silvio Berlusconi, donde la apariencia del moscovita es bastante extraña. Pero ningún tipo de comentario en ningún medio de comunicación que yo sepa. Serán imaginaciones mías, o ¿quizás es lo que llaman políticamente incorrecto?

FEDERICO JOSÉ MARÍN RODRÍGUEZ. JEREZ DE LOS CABALLEROS (EXTREMADURA)

No le entiendo bien: ¿se queja usted de que nadie haya insinuado que Medvedev podría llevar unas copas de más? ¿Tanto echa de menos esa maledicencia que, al parecer, sí hubo con Sarkozy? La política no creo que sea una competición deportiva: a mí me da lo mismo que tomen decisiones hasta las orejas de vodka o recién comulgados. No me parece indispensable un control anti-doping: al fin y al cabo, lo que debemos juzgar es lo que hacen y dicen, no su dieta ni eso que los puritanos yanquis llaman “el carácter”.

Dicen que Churchill, aquel legendario bebedor, se encontró un día con alguien que le insinuó escandalizado que había bebido más de la cuenta. “Pues sí, señor: yo estoy borracho y usted es tonto perdido. La pequeña diferencia es que, a mí, durmiendo se me pasa”. Por eso yo prefiero en política a un borracho inteligente que a un tonto sobrio, deportista, madrugador y fiel a su mujer.

A mí que los poderosos tengan vicios y debilidades privadas me importa un rábano, si tienen virtudes y fortalezas en su actividad pública. Más bien me fatiga la exhibición de tanta bondad: ¿qué me importa que Aznar haga miles de abdominales o lea poesía? Como se me da un ardite que Zapatero deje atrás a sus escoltas haciendo jogging, que desayune con sus hijas o que tome de postre melón con sal. ¿Corrección política? No creo: simple sentido común y rechazo del culto a la personalidad (o de su destrucción).