Res extra commercium

He tratado de saber algo más acerca del “metrosexual” y, tras conocer sus características, el tipo de personaje no parece ser sustancial. A modo de ejemplo, tiene que ser narcisista y pasar mucho tiempo en salones de belleza, gimnasios y delante del espejo; ser capaz de distinguir una sábana de calidad; usar ropa de alta costura e, incluso, hasta  pintarse las uñas; ser un voraz consumista y, ¡sorpresa!, a la vez ecologista. ¡Ah!, si alguien está interesado en dejar de ser un hombre gris, reformarse y evolucionar  debe saber que el acceso está restringido, pues hay que ser joven, cosmopolita, vivir en la metrópolis (absténganse los de aldea) y tener bastante dinero para gastar. 

ALEJANDRO A. PRIETO ORVIZ. GIJÓN (ASTURIAS) 

De acuerdo, pero quizá somos todos así, una identidad producida por el mercado, un segmento de público, un cliente al que dirigir ofertas. Admitimos que ésta es una “sociedad de mercado”, pero lo decimos como si el hecho nada tuviera que ver con nosotros, como si nuestra propia identidad fuera algo que traemos ya de casa, cuando lo cierto es que volvemos con ella en la cesta de la compra. Si le quiero contar a alguien quién era yo a los veinte años, lo más íntimo y fehaciente que encuentro es un catálogo de bienes y servicios: era el chico que llevaba trenca y leía a Cortázar, el que iba a las pelis de Woody Allen y escuchaba a Jaume Sisa.  

El Código Civil, desde 1889, afirma que hay cosas “que están fuera del comercio de los hombres”, un reducto de humanidad al margen del despiadado capitalismo, ese alma en su almario. Lo más sagrado, lo que la burguesía del XIX encomendó al  “ángel del hogar”, la mujer, a la que atribuía (igual que Zapatero, por cierto) conmovedoras virtudes anti-económicas: trabajo en equipo, humildad, intuición, etc. 

No lo creo. Es la relación y comercio con los otros lo que nos da identidad propia. Somos el resultado, no el punto de partida. Así somos metrosexuales, pijos, ejecutivos, ecologistas, mileuristas, lo que nos toque. Incluso, en este mercado “libre”, hasta podemos elegir ser anti-sistema. Pronto habrá en los grandes almacenes una sección anti-sistema, ya lo verá.