Libertad de expresión

El juez Pedraz ha permitido una serie de homenajes a 15 presos etarras. El mismo que absolvió a los acusados por las ofensas a la máxima representación del Estado ya que, aunque la impunidad de quienes ofenden al Rey (por ser el símbolo de la unidad y permanencia del Estado) no cabe en la Constitución, según Su Señoría tales actos forman parte de la libertad de expresión. No sé yo si alguno de los epítetos que le dedicaron al Rey podría molestar a Su Señoría. Yo, por si acaso, y amparándome en la tan ponderada libertad de expresión, me limitaré solo a mandarle a hacer puñetas… después de todo forma parte de su indumentaria de trabajo.

JORDI S. BERENGUER. BARCELONA

A mí el razonamiento del juez me parece impecable: ninguno de los actos tiene como objetivo ensalzar la conducta de los presos ni enaltecer sus delitos, sino protestar contra la dispersión. Yo también estoy en contra: la condena debe cumplirse en el lugar más próximo al de arraigo del condenado. Me parece un derecho básico y al Estado también debe de parecérselo, porque realiza grandes esfuerzos para que los españoles puedan cumplir condena en España, si son apresados en otros países (hay tratados internacionales al respecto). El castigo es la privación de libertad, no hay que añadir el cumplimiento de la condena en el quinto pinto (con el castigo añadido para sus familias, por tanto).  Por lo que yo sé el juez se ha limitado a constatar que no puede impedir la libre expresión del rechazo a esa medida.  

En cuanto al rey también estoy de acuerdo: sólo faltaba que no se pudiera expresar rechazo a la monarquía o a lo que ésta representa. Habla usted de “la impunidad de quienes ofenden al rey”. Da risa: yo he visto pitadas a deportistas, cantantes de ópera, oradores y hasta magos, y nadie se considera con derecho a darse por ofendido.  

Por lo demás, las decisiones del juez están razonadas. Si usted intentara rebatir la argumentación, aun podíamos dialogar. Como se limita a constatar que a usted no le gusta y, por tanto, le manda a hacer puñetas, pues entiendo que no está preparado o dispuesto a mantener un diálogo entre adultos racionales.