Defecaciones

Cada medalla de plata que ha recibido Gemma Mengual ha sido para ella una decepción y ha desatado sus lloros. Vi una de sus actuaciones en solitario y me pareció perfecta y espectacular. El jurado puntuará con mayor o menor acierto, pero sus determinaciones son la ley. Ha dicho su entrenadora que en los resultados juega un papel importante el poder político y que hay que mejorar el sistema de puntuación. Nuestro poder político en Roma no llega más allá de las medallas de plata, pero Gemma ha merecido más de un oro. En cuanto al sistema de puntuación, sería más exacto si dependiera de una máquina. Las lágrimas de Gemma eran de oro y las compartimos los espectadores españoles. 

ANTONIO NADAL PERÍA. ZARAGOZA 

Como diría Bernhard, si aceptas un premio, estás concediéndoles el derecho a defecar sobre tu cabeza. Quienes otorgan el preciado galardón “están en su perfecto derecho de defecar en la cabeza de uno, que es tan abyecto y tan bajo para aceptar su premio”. Si compites, aceptas la autoridad y el criterio del jurado, admites que ellos determinan el valor de lo que haces (si no, ¿para qué narices te presentas?). Esta aceptación no puede ser condicional, claro está: acepto el veredicto, pero sólo en el caso de que me favorezca. Si se lo dan a otro, son unos ineptos.  

¿Cómo va a quejarse uno de que no le dan un premio? Si te parece que el jurado es incompetente o corrupto; el reglamento, injusto, etc., lo único que puedes hacer es largarte, como Bobby Fischer. Y si te dan un premio que no has solicitado, y piensas que sólo pretenden cagar sobre tu cabeza, pues no lo aceptes. Quejarse de que no te dan el premio, pero aceptarlo cuando te lo dan, a mí sí me parece agachar la cabeza para que te defequen encima tan a gusto, como Marsé con el Planeta o Umbral con el Cervantes: este premio es una mierda, pero qué alegría cuando me la cagan a mí encima.  

Le parece que Gemma es mejor que la ganadora. Seguro que sí, pero el jurado no piensa lo mismo. ¿El jurado se equivoca? De acuerdo, pero es Gemma la que, al presentarse a la competición, le concede autoridad a ese jurado, en lugar de concedérsela a usted.