Consejos prácticos

Disponer de una conexión telefónica no sólo implica el abono periódico de la cuota correspondiente, también hay que pagar la factura psicológica de las llamadas intempestivas, persecutorias y espesas en descortesía. El teléfono se ha convertido en un instrumento a través del que se puede ejercer el acoso comercial sistemático. Hemos llegado a una situación  surrealista, en la que el sonido del aparato suscita incomodidad. ¿Se coge o descuelga el mismo? ¿Quién me echará la bronca esta vez por declinar el premio, regalo o suculenta oferta propuesta? ¿Tendré que dar por finalizada  la “incomunicación” con  un comportamiento impropio e indeseado? Una manifestación más de la perversidad social causada por la avidez y vorágine del mercado.  

ALEJANDRO A. PRIETO ORVIZ. GIJÓN (ASTURIAS) 

Tiene usted toda la razón del mundo. Frente a esas llamadas se pueden hacer varias cosas. Una solución es intentar divertirse: hablas pronunciando la erre como ele (igual que los chinos de película), te finges retrasado mental, simulas que es una línea erótica y preguntas qué ropa lleva puesta, pides que te envíen una pizza o intentas averiguar dónde se encuentra quien te llama. Lo normal es que esté en algún país tercermundista, trabajando por un euro la hora, pues esos call-centers los suelen dislocar o “deslocalizar” e instalarlos en lugares con condiciones laborales que aplaudiría la CEOE española.  

Otra solución es intentar venderles tú algo, incluso inmaterial: te haces pasar por propagandista religioso y le ofreces la salvación de su alma y el perdón de los pecados. En fin, hay muchas cosas divertidas que hacer, pero casi todas implican burlarse un poco de la persona que te llama, que no tiene la culpa de nada y es un empleado en régimen de explotación.  

Por eso mi respuesta siempre es la misma: sí, me interesa mucho, pero envíeme todo eso por escrito. Invariablemente me contestan que no es posible, que se trata de una oferta que sólo es válida por teléfono. ¿No me puede enviar las condiciones por escrito?, le pregunto. En ese caso, dígale a su jefe que entiendo que es un timo y que ni lo intente. Clic. Cuelgo tan campante.