Va a ser por los tomates

Opino exactamente igual que tantas personas que resaltan el despilfarro que representa jugar con la comida. En este caso tirar 100.000 kilos de tomates, como se hace tradicionalmente en Buñol, pero en unos momentos de extrema necesidad para muchas familias que están sufriendo esta maldita crisis, me parece simple y llanamente ofensivo. Pero puestos a enumerar despilfarros, encontraríamos otros de mayor calado. A mi entender, existe algo más preocupante que nada tiene que ver con el aspecto crematístico. ¿No es aberrante jugar con la vida de miles de animales? ¿No resulta todavía más aberrante que ello sea propiciado por las autoridades? Aunque queramos presentarnos al mundo como una sociedad desarrollada, a la  vista está que seguimos siendo un país muy primitivo. 

JOAN CALVENTUS LLOPIS. BARCELONA 

Como usted, no entiendo si es por el despilfarro en sí o por el hecho de que sea en comestibles. A esa “famélica legión” invocada para hacer bulto contra la tomatina, ¿lo que le irrita es que se gaste dinero en tomates? O sea: si es un concierto de clavicordios o una “instalación” con escombros simbólicos o telúricos o algo, ¿les parece estupendo? Si organizan unas Jornadas Culturales con una docena de charlatanes a pan y manteles, ¿los “parias de la tierra” gorjean de satisfacción? Si olvidan las nutritivas solanáceas y amenizan las fiestas con una “atrevida propuesta” de un director de escena húngaro (Sófocles con tías; por supuesto en tetas), ¿esas hambrientas familias aplauden? 

¿Es eso? Pues, la verdad, no lo entiendo. Yo no paso hambre. Si la pasara, me ofenderían igual los tomates o la sacrosanta cultura. En cuanto a lo de “jugar con la vida animales”, parece una constante de la humanidad: ¿cuando cacemos zorros como los ingleses ya no seremos primitivos? ¿O quizá cuando matemos osos, como el rey?  

La tomatina “sólo” proporciona placer y diversión. Supongo que eso es lo ofensivo: gastar dinero para ser felices, sin mejorar el espíritu ni elevar la conciencia ni recuperar la memoria ni patatín patatán. Si hubiera un rédito moral, como en las “atrevidas propuestas culturales”, ya no sería despilfarro.