A cuerpo de rey

Rajoy está promocionando el turismo para su tierra gallega; también Zapatero hace pocos días promocionó el turismo en Lanzarote. Está bien, siempre que, como hombres de Estado,  tengan una visión de conjunto y en el futuro vayan también veraneando y promocionando otros lugares. Y convendría también mucho  que el Jefe del Estado hiciera lo mismo, y no veranee sólo en un lugar desde hace décadas, y que encima reciba regalos, grandes como yates, por esa “fidelidad”, es decir, por esa parcialidad con Mallorca. Porque si el de más arriba da ese ejemplo, los demás pueden fácilmente sentirse legitimados a recibir regalos menores por tener preferencias hacia algunos más que hacia otros.  

SIMEÓN IBÁÑEZ LLERA. MADRID 

Que el rey acepte regalos no llama la atención: le conocemos. ¿Es que no suelen acabar en la cárcel o en los tribunales sus amiguetes? Piense en los Albertos o en su propio administrador, un tal Manuel Prado Carvajal (o Colón de Carvajal: el Estado franquista cambió el orden de los apellidos en 1941, amén de sazonarlos al gusto con las más rimbombantes partículas disponibles). 

Esto dicho, por mí que viaje, pero doy poco crédito al mágico poder de los reyes. Los de Francia se dice que curaban la escrófula mediante imposición de manos. Sólo tenían que tocar al enfermo y decir: le roi te touche, Dieu te guérit (el rey te toca, Dios te cura).  Menuda asquerosidad, si te paras a pensarlo, ¿verdad? Al Borbón español no se le atribuyen menos milagros. Con su puntero y el pliego de cordel los van enumerando los ciegos y los editorialistas ante la chiquillería: promoción turística del Lander alemán de las Baleares, salvamento del 23-F, lavado y centrifugado de la dictadura de Franco, caza de osos a lo Miguel Strogoff, récord mundial de audiciones de Rostropovich, etc.  

A mí, qué quiere que le diga, me parece de perlas: ¿para qué matar la ilusión de los más pequeños? Ahora que el rey se ha dejado barba, y en vista de su limitada utilidad, que se disfrace estas Navidades de Papá Noel y entregue juguetes a los niños. Puede hacerlo a la puerta de unos grandes almacenes o en su palacio, a su conveniencia.