La culpa fue del cha-cha-cha

La crisis tiene mucho de psicológico y mucho se ha dicho de la falta de seriedad de algunos gobernantes a la hora de admitirla; sinceramente, creo que era su obligación procurar evitar ese sentimiento en la gente. Porque precisamente aquellos que tanto hablaron de la palabra “crisis” cuando la misma no existía, en realidad lo único que hicieron fue ayudar a consolidarla. Fueron ellos los insolidarios, los que dieron rienda suelta a la creación y crecimiento de un problema tan serio. Ahora se ofrecen a salvarnos de lo que en gran parte son culpables y además con las recetas económicas que ayudaron a gestar esta situación. Post data: la crisis ha terminado.

IGNACIO CABALLERO BOTICA. MADRID

Somos menores de edad y no tienen por qué contarnos todo. Somos como niños, el pueblo. ¡Chitón, que hay ropa tendida! Si decimos la verdad, se van a poner nerviosos los críos y la fastidiamos. Democracia, pero bien entendida: una ciudadanía de chiquillos crédulos tutelada por un Gobierno sabio y paternal (o maternal), que nos oculta la verdad por nuestro propio bien. La culpa de la crisis es de quienes decían la verdad, ¿correcto? Esos insolidarios que se chivaron a los más pequeños y les contaron cosas de mayores que no les convenía saber. De no ser por esos irresponsables, ¿habría habido crisis? No tanta: ellos ayudaron a “consolidarla”.  

¿La crisis ha terminado? ¡Córcholis, pero qué buena noticia! Yo así lo creo a pies juntillas, pues los mayores sí que saben. Lo negaron por los críos, pero vieron venir la crisis de lejos, así que ¿cómo no van a saber cuándo termina? 

La culpa de la crisis la tiene la oposición. La culpa de que no se resuelva en dos patadas, también es de la oposición y sus maléficas “recetas económicas”. El Gobierno sería el mejor de los posibles, si no existiera oposición. ¿Cómo gobernar si todos no  te dan la razón?  ¿Es así? ¿Lo voy pillando? Pues entonces, ¿por qué permitimos que existan varios partidos y ¡encima! que se opongan al Gobierno? ¿No sería mejor acabar de una vez con esta farsa e instaurar una democracia, no sé, más auténtica, sin oposición, una “democracia orgánica”, por ejemplo?