Menuda martingala

Como educador constato que los alumnos aficionados a leer encuentran menos dificultades en sus estudios, sacan mejores notas y suelen ser más maduros. Es lógico; la lectura mejora la ortografía, el vocabulario, la expresión escrita y la oral, proporciona cultura y ayuda a pensar. Y quien piensa es capaz de interiorizar valores. Además puede contribuir al conocimiento de la verdad,  la consecución del bien y a la apreciación de la belleza, todo lo cual nos ayuda a perfeccionarnos como seres humanos. Uno de los retos más apasionantes que tenemos es el de fomentar la lectura. ¿Cómo?  Leyendo más; es el ejemplo el que arrastra, pues sólo se transmite lo que se vive.  

FREDDY G. BRU. ANTELLA (VALENCIA) 

Vale: leer es bueno, es guay. No hay nadie que no esté de acuerdo. ¡Ni una sola persona! Sólo eso, ¿no da que pensar? El fomento de la lectura es una ocupación favorita de los que mandan, desde Franco, con aquel “un libro ayuda a triunfar”,  a Zapatero que lee a Suso de Toro y Gamoneda. ¿Por qué tanta obcecación en que leamos sin parar? Me huele a chamusquina. ¿No será, como dice usted, porque la lectura ayuda a “interiorizar valores”? ¡Pues menudos valores serán esos cuando los que mandan nos suplican de rodillas que leamos! 

Leer es guay del Paraguay, pero no es el bálsamo de Fierabrás ni la purga de Benito. Grandes lectores hay que son grandísimos idiotas y, como todos sabemos, la Alemania que invadió Polonia era uno de los países más cultos de Europa.  

¿Por qué repetimos algo en lo que todos sin excepción estamos de acuerdo? ¿No le parece raro? ¿Y de qué nos quejamos? Nunca se ha leído tanto como ahora. Jamás en la historia. No es suficiente: hay que leer más. ¡Caramba, qué obsesión! Y da igual qué: con tal de leer, puntúan también Pérez-Reverte, Marcial Lafuente Estefanía o Vizcaíno Casas. A mí ya me asusta esto. Todos estamos de acuerdo, cada día se lee más, y sin embargo la autoridad competente nos da la tabarra día y noche: leed, melones, que es por vuestro bien. ¿A usted no le dan ganas de cerrar el libro y salir a la calle dando un portazo? A mí sí. Debo de ser medio lelo o un (¡eterno!) resentido.