Lo más lógico

El puño en alto de Pajín y Aído ha soliviantado a algunos miembros del PP. Aparenta ser una escena del pasado, casi un anacronismo. Zapatero, sin el puño alzado, parecía incómodo. Entre los socialistas hay quienes levantan el puño y quienes no, quienes cantan La Internacional y quienes no. Deberían ponerse de acuerdo porque ofrecen una imagen distorsionada. Los socialistas se justifican con que es un gesto de solidaridad con los trabajadores de todo el mundo, pero algunos que dicen esto no levantan el puño cerrado, con lo que habría que deducir que ellos no son solidarios.

 ANTONIO NADAL PERÍA. ZARAGOZA 

No me explico cómo ha podido deducir eso. Es una falacia lógica como la copa de un pino: lo sé porque incurro a menudo en ellas. Unos levantan el puño como gesto de solidaridad. Por lo tanto, los que no levantan el puño es que no son solidarios. ¡Toma del frasco, Carrasco! Es como decir en un entierro que algunos lloran como gesto de dolor, “con lo que habría que deducir” que quienes dicen esto y no lloran se alegran de que haya estirado la pata. Pepito le compra flores a su novia porque la quiere. Juanito no le compra flores a su novia, pero admite que Pepito se las compra como gesto de amor. Por lo tanto, Juanito no quiere a su novia. Formidable, ¿verdad? A lo mejor Juanito le compra diamantes, a lo mejor está liado con la novia de Pepito, o a lo mejor no quiere a su novia, vale, pero ¡no será por eso! La deducción es propia de Anacleto, agente secreto, ¿no le parece?  

Esta clase de falacias últimamente proliferan como setas después de la lluvia. Por ejemplo: unos condenan un atentado porque están en contra del terrorismo, pero no “habría que deducir” que, quien no condena un atentado, está a favor del terrorismo. Tampoco “hay que deducir” que el que no lleva una banderita española odia a España ni que el que no aplaude a Zapatero favorece al PP, etc.  

Que los socialistas levanten o no el puño, a mí plin. Que los miembros (o miembras) del Gobierno levanten el puño, en lugar de hacer una política socialista y de izquierdas (ellos que sí pueden), ya es otra cosa. Una cosa entre triste y ridícula.