De Madrid al cielo

El representante político de la izquierda verde propone, como solución a la prostitución callejera, que su ejercicio se circunscriba a determinados barrios de Barcelona. Aclara, eso sí, siempre que los vecinos estén de acuerdo con esa iniciativa (¿per Catalunya Verds?). ¡Gran idea, la del Sr. Herrera! Ya están muchísimas familias ansiosas para que les pongan frente a su casa ese miserable mercadeo del puterío, con lo que ello conlleva: chulos, mafias, drogas, falta de higiene, ruido a todas horas… un peligro para la convivencia, la seguridad y la salud física y mental. Cráneo privilegiado el del tal Herrera.

JORDI S. BERENGUER. BARCELONA

Sí parece una salida de pata de banco de talla XXL. ¿Y si resulta que en ningún barrio de Barcelona quieren los vecinos? Pues nada, se envía a las putas a Madrid, que con el AVE ya no queda tan lejos. En Madrid, maldita la falta que hace que los vecinos estén de acuerdo. Ni se les pregunta. Los catalanes es que se la cogen con papel de fumar. En Madrid te ponen un intercambiador, un Ministerio o un chirimbolo-violetera sin preguntarte ni la hora. La noción de que los vecinos tengan que estar de acuerdo o puedan opinar sobre lo que las autoridades deciden para el barrio es por completo ajena y contraria a los usos municipales madrileños. Me parece estar oyendo las carcajadas de Gallardón o Esperanza Aguirre: ¿la opinión de los vecinos? Sí, hombre, en eso estaban ellos pensando.

En mi barrio, por ejemplo, doña Aguirre (o la cólera de Dios) nos hizo, entre otros desaguisados, unas instalaciones de golf, a pesar de que durante meses hubo pancartas en los balcones: “Yo no juego al golf”. Mientras tanto, las salidas de humo del parking siguen dando directamente a los columpios de los niños, en la biblioteca no hay una silla para leer y casi no quedan libros, y las becas de comedor o para libros en los coles son cada día más escasas.

En Madrid sabemos ya que hemos venido a este mundo a sufrir y damos gracias a Dios: cada año de gobierno de Aguirre o de Gallardón se nos conmuta a los vecinos por cinco años de purgatorio, así que llegaremos al cielo en un periquete.