El eco-apocalipsis

Acabo de ver el documental de Yann Arthus que sigue casi enterrado para los españoles.  Se intenta promocionarlo, pero con poco éxito. No lo entiendo. Pone los pelos de punta  cuando acaba diciendo: Nos quedan 10 años  para invertir la tendencia actual y para no cruzar la frontera hacia una inhóspita Tierra desconocida. Yo lo pondría de obligado estudio a todos los estudiantes y lo incrustaría en las mentes de todos los políticos. Se llama “Home”, está en YouTube, al alcance de cualquier internauta. Sólo echo de menos que, dados esos aterradores 10 años, no proponga para Copenhague un «Gobierno Mundial» que probablemente es la única solución.  

PABLO OSÉS AZCONA. FUENGIROLA (MÁLAGA) 

Me recuerda el informe del Club de Roma (años setenta): quedaba poco tiempo, en equis años no habría petróleo y bla, bla, bla. No dieron pie con bola, por supuesto, y no se cumplió ninguna de sus apocalípticas predicciones. Qué medieval suena su carta, con eco-profetas iracundos gritando: ¡Arrepentíos! ¡El final se acerca! Aún estás a tiempo, hermano: ¡híncate de rodillas! Parece cierta esquina de Times Square en la que siempre había tipos anunciando que, a causa de nuestros pecados, el fin del mundo tendría lugar el jueves por la tarde. ¿Cuál es la diferencia? Que usted cree que tiene razón. Vale, pero ¿piensa que ellos no? Le garantizo que creían tanto en sus fuentes (voces en su cabeza, la Biblia, etc.) como usted en las suyas (esos vídeos de eco-terror).  

Lo más medieval del eco-fascismo es su vocación inquisitorial. Según dice, eso está hasta en YouTube. Entonces, si nadie lo ve, será por la misma razón por la que nadie se para a escuchar profecías enTimes Square, ¿no? Pues no: usted quiere obligar a que lo “estudiemos” y nada menos que “incrustarlo” en la cavidad craneal de los políticos. No sólo eso: la “única solución” sería un “Gobierno Mundial”. Atiza, ¿será por fin, sobre la tierra, el Gobierno de Cristo Rey? Y si no nos arrodillamos: no en doce, ni en once, ¡en diez años se acaba el mundo! 

Dios habrá muerto, pero no todo está permitido: la empedernida fe encuentra siempre dioses nuevos, aunque igual de despiadados.