Esperando a los bárbaros

Benedicto XVI ha afirmado que la crisis económica es una ocasión para afrontar la crisis moral y cultural que sufrimos. Estamos ciertamente ante un cambio de época en la que vemos cómo un mundo de referencias se derrumba. La evidencia de la dignidad de la vida desde la concepción hasta la muerte natural se disuelve. Parece además que la capacidad de actualizar y transmitir la tradición occidental va desapareciendo, y se hace difícil una verdadera educación. No es exagerado pensar que nos encontramos ante una crisis como la que Europa sufrió en el siglo VI, cuando estaba dominada por la barbarie. Los sucesos de Pozuelo son una muestra. Sin duda es hora del rearme moral y no sólo para salir de la crisis económica.  

JOSÉ MORALES MARTÍN. PALAFRUGELL (GIRONA).

Hay dos campesinos con la azada. Al fondo, un castillo. Uno dice: “Oye, ¿te has enterado de que hoy termina la Edad Media?” Es un viejo chiste de Punch que me hace mucha gracia: ¿resulta tan fácil percibir “un cambio de época”? A mí me suena a jeremiada muy propia del Papa Benito. Es una actitud característica de adolescentes, que necesitan (será por las hormonas) protagonizarlo todo y vivir en el interior de su propio ombligo: el momento más grave de mi vida, el peligro más grande al que nos hemos enfrentado jamás, el amor más intenso conocido sobre la tierra, etc.

No sé qué le habrá hecho a usted el siglo VI, que produjo a Mahoma, el código de Justiniano (y a su espectacular mujer, la emperatriz Teodora) o la Consolación de la Filosofía, de Boecio. ¿Barbarie? Cómo no recordar aquel poema de Cavafis: “Cae la noche y no llegan los bárbaros. Gente venida de más allá de la frontera, afirma que ya no quedan bárbaros. ¿Qué va a ser de nosotros ahora? Quizá ellos fueran una solución, después de todo”.

Qué poco nos duraron aquellos bárbaros: Recaredo se convirtió al catolicismo en el 589. Pero cuánto dura esta otra barbarie. Para librarnos de ella, a ver si por fin nos invaden bárbaros de verdad. Auténticos bárbaros que, por ejemplo y para empezar, denuncien el Concordato, legislen el aborto libre y declaren de propiedad pública todos los medios de producción.