Llámalo equis

Pocos han comentado el artículo de Vicente Molina Foix “Dibujos animados»” (Tiempo de Hoy), que sostiene que el comic no es arte y lo pone cual chupa de dómine. Lo que más me choca es que leyó comics de pequeño, pero para él no pasan de ser un entretenimiento muy menor.  Nunca he leído ninguna de sus novelas, y constatar que su concepto del arte es antagónico al del entretenimiento me ha disuadido por completo. En cambio, sí voy a leer a Boris Vian y a Nabokov. A pesar de que los pone como ejemplos de arte, intuyo que son muy entretenidos.

MANUEL MÉRIDA FERNÁNDEZ. MADRIDDe pequeño nadie que yo conociera leía cómics: lo que nos gustaba eran los tebeos. A mí sobre todo los de Mortadelo, aunque no creo que sean lo que se suele llamar arte (ni puñetera falta que les hace). Claro que, para aceptar pulpo como animal de compañía, tendríamos que definir primero qué es el arte.  

Lo que no ha leído es el artículo: en ninguna parte dice que su concepto de arte sea “antagónico al del entretenimiento”. Sólo sugiere que, para él, no toda forma de entretenimiento es arte, y que hay una diferencia entre escribir la partitura de una sinfonía y jugar a las canicas. Tampoco dice, ni de lejos, que el arte no pueda ser entretenido. Sólo dice que los tebeos serán muy entretenidos, pero no van más allá. Lo que él llama arte, además de entretener, tiene que tener algo más. ¿Qué? Ni la más remota, eso se lo calla.  

¿Usted no ve ninguna diferencia entre una partida de ajedrez y una carrera de chapas o entre un tebeo de Mortadelo y la Eneida de Virgilio? Yo sí, pero el entretenimiento tiene poco que ver. Hay gente que se entretiene con las ejecuciones públicas. ¿Son arte? ¿A qué llamamos arte y por qué necesitamos semejante categoría? Creo que ni Molina Foix ni usted hablan de arte, sino de prestigio social y cultural. A él le irrita que se le conceda a los tebeos. A usted no. Por mi parte, dudo que tengamos que resignarnos a conceptos como arte (y su valor de cambio en capital simbólico, es decir, prestigio social). Niego la mayor: a mí el arte me importa un comino, pero sigo leyendo Mortadelos y a Virgilio, tan campante.