La madre castradora

Ha sido poco comentada la propuesta en el Parlamento francés para implantar este aviso: “Fotografía retocada para modificar la apariencia física de una persona”. Dicen que así combatirán una visión deformada del cuerpo humano que genera trastornos como la anorexia. No sé en qué grado será eficaz para concienciar a la población, pero sí estoy convencido de que es una medida paternalista, propia de los tiempos que corren. Nuestros políticos (es un decir) son tan capaces de esto como de prohibir hamburguesas hipercalóricas, fumar en bares y el show de Benny Hill. Hasta se han planteado prohibir las figurillas del roscón de Reyes, por si nos atragantamos. Y todo lo hacen por nuestro bien. O eso dicen. 

MANUEL MÉRIDA FERNÁNDEZ. MADRID 

Dados los tiempos que corren y como intervenga Bibiana, más que paternalista, será una medida maternalista. Absorbente amor de madre tan posesiva como la de Norman Bates en Psicosis. El Gobierno no mueve un dedo en lo que sí es responsabilidad suya (paro, impuestos a los ricos, limitación de la jornada laboral para mejorar la salud, etc.) y, en cambio, se vuelca en lo que sólo es asunto nuestro: nuestras propias decisiones sobre nuestro cuerpo y nuestra salud.  

El salario mínimo hace mucho daño a la salud, pero prohibir es gratis y además deja bien sentado un principio de disciplina social y sometimiento a la autoridad materna. ¿Cómo van a prohibir esas pobres ministras, tan libertarias, que el BBVA pague jubilaciones escandalosas, si es una “empresa privada”? Y no iremos a comparar el derecho a fumar con el derecho a llevárselo crudo, ¿verdad?  

Al despotismo (no tan ilustrado) este Gobierno lo llama “hacer pedagogía social”. Obedezcamos a mamá, que todo lo hace siempre por nuestro bien.  A este paso acabaremos como Norman Bates, disfrazándonos por las noches de Elena Salgado o María Teresa Fernández de la Vega, a salvo por fin con mamá: la única que de verdad nos entiende y nos protege de esas rubias que fuman. Y al final, como en la película, mamá ya sólo estará dentro de nuestra cabeza. Para siempre. Los dos solos. Qué sombrío paraíso edípico el de la socialdemocracia.