Huesos de santo

Se exhumarán los restos de la fosa de Alfacar y no se van a identificar los de “nuestro” poeta García Lorca porque familiares suyos lo han prohibido. Subrayamos “nuestro” (vergüenza da tener que decir esto) porque una figura como Lorca es patrimonio cultural de este país, nos pertenece a todos. Pido a los poderes públicos que no consumen su anunciada no actuación que da prevalencia al deseo de unos pocos (por muy respetable que sea) sobre el interés público, de la ciudadanía. ¿Alguna norma vigente atribuye a los familiares la facultad de impedir la identificación? Si esa norma existe, les pido que declaren de forma inmediata la iniciativa para su derogación en casos como éste. Si no existe, interprétese la norma de oficio de forma que la identificación pueda efectuarse. 

ALBERTO AGUADO CANOSA. MADRID 

En 2016 no tendremos Juegos Olímpicos y la obra de Lorca pasará al dominio público: dos excelentes noticias. Hasta ahora la familia de Lorca la ha decidido qué, cómo y cuándo se podía publicar. Y ha hecho lo que le ha salido de las gónadas. Qué raro: no he oído protestar a casi nadie (salvo al gran Ian Gibson, por ejemplo). Nadie ha hablado de “nuestro” Lorca ni se ha rasgado las vestiduras. Tampoco nadie ha exigido “de forma inmediata” la derogación de la ley. Muy raro.  

Me conmueve tanto escándalo por sus “huesos fidedignos” (diría Vallejo) y tanto desinterés por su obra. Seguro que Gibson y usted tienen razón, pero ¿no es triste que reclamemos con más ganas el derecho a desenterrar su huesos que a leer sus sonetos? Podemos pasarnos tan a gusto sin leerlo, pero necesitamos con urgencia tocar sus reliquias con los dedos. Ponerle en una peana de santo es la mejor forma de dispensarse el trabajo de leer: es como el Che hecho póster. Somos así: desconfiamos de la lectura, pero nos entusiasma venerar brazos incorruptos y santos prepucios. Me parece bien que Lorca sea “suyo”, pero no acabo de entender que necesite estar en posesión de su dentadura, su brazo (¿incorrupto?) o su reloj de pulsera. A mí me basta con leer lo que escribió, si su familia no lo impide. Mejor unas obras completas que un relicario.