Mejor el sabotaje

He intentado consultar las estadísticas de suicidios en España y, como era de esperar, son un poco incomprensibles. Igual de incomprensibles que les parecería a los ejecutivos de contrato blindado de France Telecom el que los hostigados trabajadores se claven cuchillos en el estómago en las reuniones donde les dicen que van a ser recolocados, paso previo, como se sabe, a ser despedidos; pero no por raro deja de suceder. ¿Está ligado el suicido a la crisis del empleo? No lo sé, pero en España se van a poder hacer tesis doctorales ya que habrá buenas muestras estadísticas (estables y amplias). Las alegrías del ladrillo para todos nos traerán, si no maquillamos convenientemente las estadísticas, sogas en casa de los ahorcados.

EMILIO IGLESIAS DELGADO. SEVILLA 

Como Isaac Rosa, tenía yo una admiración jacobina por los franceses, que aún eran capaces de organizar huelgas bastante efectivas y secuestraban a patronos en sus propias empresas. Qué tíos, intentaban responder a la violencia patronal, en lugar de conformarse con despotricar en el bar, como nosotros. 

Al final no es para tanto, son humanos, y en Francia la “jornada por el trabajo decente” ha sido un fracaso. Llovía en París, pero aun así. Son tan humanos que los trabajadores,  acosados por la violencia empresarial, se suicidan, como en France Telecom: les imponen lo que ellos llaman “nuevas técnicas de gestión del personal” y se matan 24 empleados en 18 meses. No es más que la punta del iceberg: ¿quién echa las cuentas de lo que cuesta aumentar el beneficio empresarial en dolor humano, en depresiones, malos tratos a la pareja, divorcios, abuso de la botella o vértebras pinzadas?   

¿Diálogo social frente la violencia patronal? ¡Naranjas! Eso es como la política de appeasement frente a Hitler. Tolerancia cero, como dicen ahora. Pero antes de quemarse a lo bonzo, quizá habría que resucitar el viejo y eficaz sabotaje, todo un clásico de la lucha obrera. Se cae la red de France Telecom: uy, no se sabe quién ha sido. El coche oficial pincha: uy, ni idea. El Ave no puede salir de Atocha: uy, qué cosa más rara. Directo al corazón, es decir: a su bolsillo.