Qué pelmazos

“Jamás se había producido una persecución tan parcial y sectaria”. Sin duda. No hay más que cambiar la palabra persecución por investigación democrática, absolutamente legal y legítima  y todo resulta perfecto. Porque nunca en la historia de nuestra joven democracia se ha producido un fenómeno tan masivo de degradación moral como éste del  PP.  ¿O es que, por ser del PP, los delitos hay que darlos por inexistentes o, incluso, aplaudirlos? ¿Quieren decir eso dirigentes del PP cuando dicen: “Haga lo que haga Camps será respaldado por la dirección del PP”. 

BENJAMÍN FORCANO. MADRID 

La gente no se escandaliza: saca la alarmante conclusión de que todos son iguales. Triste, pero qué esperaban. Rajoy será blando con los imputados, pero muchos recordamos la entrada en prisión de Barrionuevo, condenado (no imputado, ojo: condenado por secuestro y malversación, qué fruslería). Le acompañaban hasta la misma cárcel, no sólo Felipe González y Alfonso Guerra, sino toda la ejecutiva socialista encabezada por Joaquín Almunia y José Borrell. Hubo aplausos. ¿Acaso tuvo reparo Zapatero, candidato a la Presidencia, en invitar a actos públicos a Barrionuevo?  

Habla de “investigación democrática, absolutamente legal y legítima”. Si grabar las conversaciones de un acusado con su abogado le parece que respeta el derecho de defensa, entonces sí. Son ese tipo de “pequeños detalles” tan contrarios al Estado de Derecho los que distinguen un juicio justo de Guantánamo (o un proceso legal de un circo). ¿La mayor degradación moral de nuestra joven democracia? Si le parece que montar el GAL es una conducta ejemplar, entonces sí. Ni siquiera en caspa supera el PP al PSOE: recuerde a Roldán, en el sillón de eskay, con las furcias en tetas y la tele puesta.  

No se confunda: quiero que se llegue al fondo contra el PP, al que detesto, pero ¿no podían hacerlo los jueces solos, sin tener aguantar la insufrible tabarra farisea y la indignación oportunista? Mientras no se ataque en serio la corrupción (leyes de financiación de partidos, de ayuntamientos, etc.), todo se queda en arma arrojadiza para tirar una pedrada cuando conviene.