¡Que vienen los delegados!

En la Ciudad de México se congregaron los ministros de Salud y Educación para frenar la lacra del sida, en Latinoamérica y el Caribe. En el acontecimiento, delegados del área caribeña resolvieron introducir la abstinencia antes del matrimonio y la fidelidad después de los esponsales, como fórmula para luchar contra la expansión de las enfermedades de transmisión sexual. Fueron rechazadas. ¿Quiénes ganan? Los fabricantes de condones que se enriquecen con el apasionamiento sexual que acaban en los chiringuitos abortistas con unas ganancias millonarias.

GABRIEL ROSELLÓ. MADRID

Pues a mí esos “delegados del área caribeña” me parecen más simples que el mecanismo de un cubo. ¿Qué hacer para luchar contra los accidentes de tráfico? Súper-sencillo, dirían los célebres delegados: que todo el mundo vaya a pie y asunto concluido. Así no se forran los fabricantes de semáforos. Y no les faltaría razón, claro, si uno lo ve con la cándida mirada del mentecato de remate. ¿Cómo disminuimos el número de lesiones deportivas? Súper-fácil, levantarían la mano los inevitables delegados: nadie hace deporte y ya está, cero lesiones. Así no se forran los fabricantes de cascos. ¿Los virus de ordenador? Está tirado: usemos sólo el ábaco y la máquina de escribir. Que no se forren los fabricantes de antivirus. Ajá, esto… ¿alguna otra idea? 

Cuenta la leyenda que cuando a María Antonieta le dijeron que el pueblo pasaba hambre y no tenía pan, respondió como una auténtica delegada caribeña: qué bobada, pues que coman pasteles (Qu’ils mangent de la brioche!). Ha quedado, igual que sus amigos, como ejemplo señero de estolidez irremediable.  

El problema no se le plantea a los castos y fieles, sino al resto (¿una inmensa minoría?), a los que nos gusta sin enmienda, pero queremos utilizar una protección adecuada. Sabemos que si no folláramos, no usáramos ordenador  o no hiciéramos deporte, no habría problema. Toma, claro. Pero nos gusta, aunque usted no lo entienda. Y se soluciona con látex, que es algo barato, y un poco más sencillo y realista que cambiar la naturaleza humana, como “resolvieron” esos desquiciados delegados.