Oídos de mercader

Por motivos personales no he podido asistir a la manifestación físicamente, pero he estado todo el día unida en oración a los que estaban por las carreteras desde todos los puntos de España .Ha sido la manifestación de mayor importancia que se ha registrado en nuestro país. No creo que el señor Zapatero y su gobierno ante esta multitud de personas que claman por la vida, pueda hacer oídos sordos. Espero que no.  

ELENA BAEZA. MÁLAGA 

Pues yo estoy convencido de que es muy fácil hacer oídos sordos, como saben de sobra los manifestantes del sábado. Alguno de ellos podría enseñar a Zapatero a hacer oídos sordos, por ejemplo, José María Aznar. Recuerdo muy bien las manifestaciones contra la invasión de Iraq y el desdén petulante con el que el tal Aznar las despachaba. No eran más que un hatajo de pancarteros, una algarada callejera, unos tontos útiles manipulados por la sensiblería de los rojetes ambiciosos. ¿Que eran muchos y se manifestaban llenando las ciudades? Pues que se manifestaran todo lo que les diera la gana: un presidente serio no tenía que hacer el más mínimo caso a unos tíos con pancartas. Un presidente serio no tenía que caer simpático y su responsabilidad era gobernar y tomar decisiones impopulares, pero necesarias para la grandeza metafísica de España. ¿Se acuerda? Pues ya está: hacer oídos sordos está tirado.  

No tengo muy claro qué clamaban estos tipos por la calle (o en remoto, desde su propio domicilio, unidos en oración), me parece que prohibir la interrupción voluntaria del embarazo. Teniendo en cuenta que es legal hace años y que ni Aznar ni el PP han hecho nada para cambiar esa ley, ¿quién rayos les escucha? Parece que hasta el PP ha hecho ya oídos sordos.  

Por otra parte, la interrupción voluntaria del embarazo, como su propio nombre indica, es voluntaria. ¿Qué más da que la ley la permita, si el sano pueblo está en contra? Con no hacerlo, asunto concluido. La ley no prohíbe beber la propia orina, pero a (casi) nadie se le ocurre y no es urgente que lo ilegalicen. ¿Para qué prohibir lo que nadie va a hacer de todas formas? ¿O quizá ese clamor no es tan multitudinario?