Carta con respuesta

Delátese usted

Muchas personas son artistas frustrados, individuos que, si tuvieran la formación apropiada, serían capaces de conmovernos y emocionarnos, con las manifestaciones de sus sentimientos. Los que tratamos de comunicar mediante la escritura solemos encontrarnos frente a dos grandes obstáculos: el síndrome del escritor sin palabras, debido a que, por nuestras carencias, no acertamos a expresarnos como nos gustaría; y la mente inquieta que hace que seamos incapaces de concentrarnos en algo más de dos minutos seguidos, cosa que se corregiría con la disciplina adquirida en el estudio aplicado de un arte.

PEDRO GARCÍA GIMÉNEZ, Cartagena (Murcia)

A mí cada día me conmueven los sentimientos que expresan muchas personas, sin necesidad de que escriban una sola línea: basta una palabra inesperada, un gesto que se repite o esa caricia repentina, que te devuelve de pronto una parte de ti mismo. Si escribe, le deseo la mejor suerte y, como usted dice, disciplina. Escriba, pero no se esfuerce en "ser escritor". A menudo pienso que uno es escritor cuando está sentado a la mesa, escribiendo. En cuanto se levanta, ya es otra cosa: padre de familia, peatón, pasajero de tren, conserje de una finca o abogado de la inmobiliaria. ¿Cómo se puede ser escritor cuando se va a la tienda a por jamón de york, mientras se tiende la ropa o reflejado en el espejo del probador, porque te tienen que meter el bajo de los pantalones? Ser "sublime sin interrupción" me parece un programa propio de auténticos mentecatos.

Mi experiencia, por si de algo le vale. Para mí, escribir no es traducir, no existe una idea o un sentimiento previos, que luego haya que pasar a limpio por escrito. Cuando escribo, no intento decir nada que ya supiera. Al contrario, escribo para averiguar qué es lo que quería decir. Pienso con los dedos, tecleando. Suelo decir también que escribir se parece al matrimonio: uno descubre cosas de sí mismo que preferiría no saber. Nadie escribe para decir algo, sino para escuchar: para que lo que escribimos nos diga lo que no sabíamos de nosotros mismos, para que nos delate.

Por otra parte, para ser escritor, no hacen falta ideas. Lo prueba el llamado "efecto cuñado". En cuanto un escritor va a una boda, siempre aparece un cuñado que le dice: "Tengo una historia con la que tú harías una novela cojonuda". ¿Quién necesita ideas, habiendo como hay multitud de cuñados sueltos, aunque sean de Rajoy? ¿Imaginación? Ni hablar, lo que necesita un escritor son hermanas casaderas. En cambio no hay, me temo, escritores sin palabras. Un pintor le dijo una vez a uno (en una boda, supongo) que tenía una gran idea para novela. Le respondió: "¡Qué lástima, porque las novelas no se hacen con ideas, sino con palabras!".

RAFAEL REIG