Pato confinado

Así hemos comido, cocinado y comprado durante el confinamiento

Preparando pan casero
El pan casero ha sido una de las modas durante el confinamiento. Pixabay.

Queridos cocineros caseros, corredores de maratón de balcón, responsables nunca confesos de dejar las estanterías del súper sin papel higiénico: el lunes toda España cambiará otra vez de fase. Empezamos a tener una visión panorámica de lo ocurrido durante estos largos días de encierro.

El confinamiento cambió nuestros hábitos alimentarios y la forma de cocinar y de practicar deporte. Los datos así lo avalan. Múltiples organismos, desde públicos a asociaciones de consumidores, de cadenas de supermercado a gigantes de Internet, han analizado nuestros pasos. Por fuerza mayor nos volvimos caseros, y eso ha tenido un impacto notable en las formas de vivir y sobre todo de alimentarnos.

Hemos sido, por ejemplo -es algo que ya intuíamos-, más cocinitas (un 51% más, según la OCU).  Cocineros estrella, como Ferran Adrià o Dabiz Muñoz, se han lanzado a publicar sus videorecetas en distintas plataformas. Y hemos valorado la cocina tradicional.

Una encuesta del Centro de Gastronomía del Mediterráneo de la Universidad de Alicante ha llegado a la conclusión de que los alicantinos se han dejado seducir por la comida de su tierra durante la cuarentena. Se atrevieron con nuevos platos o guisos, con una devoción especial por las recetas de postres.

Este puede ser el motivo de que hayamos reiniciado de sopetón la Ruta de la Seda en este confinamiento. Apostamos por surtirnos de especias para dichos postres, escabeches o guisos (canela, hierbas aromáticas, laurel, condimento para fajitas, etc.), pues creció su demanda alrededor de un 50% en algunos supermercados.

Los reyes del pan casero

Google también nos ha estado vigilando. Según los datos que ha ofrecido la plataforma de analítica de tráfico web SEMrush, hemos sido muy de torrijas, donuts artesanales, galletas de chocolate, crepes, bizcochos... La búsqueda reina de estos meses pasados fue la de "cómo hacer pan casero", que se disparó, pasando de las 33.047 veces en febrero a las 790.600 de abril.

También apareció "masa de pizza casera sin levadura", búsqueda de emergencia cuando nos quedamos sin ese ingrediente en los supermercados. Junto a "paella", otro de los términos que ha tenido su momento es "lejía", nuestros pisos nunca han estado tan limpios y las paellas tan ricas.

Con la llegada del calor y las primeras fases de desescalada, como movidos por el remordimiento, estamos empezando a buscar más ensaladas y platos ligeros, la ensaladilla rusa está en picos históricos. La ensalada de arroz y la de garbanzo también están de enhorabuena.

Al inicio del estado de alarma, llenamos nuestras despensas como si se tratara del día del juicio final, principalmente de legumbres, pastas y arroces, que crecieron entre un 259% y un 335%, según la consultora Nielsen. Cuando detonó el pánico inicial de los compradores, en la que se conoce como "la semana de la histeria", acumulamos productos imperecederos.

También nos hemos preocupado más (y todo parece indicar que así seguirá) por los precios de la cesta. Mientras la crisis económica nos golpeaba, los vimos aumentar, especialmente cuando se trataba de productos frescos (un encarecimiento del 6,9%, según el INE), sobre todo las legumbres, hortalizas frescas y las pizzas, o los productos más demandados en esta crisis (como los de limpieza e higiene, que crecieron un 1,2% en el mes de abril).

Modas confinadas

Ha habido muchas tendencias o modas: de la ya citada fiebre de hacer pan en casa (creció un 200% la venta de levadura) al actual deseo de queso rallado (la cadena Mercadona ha comunicado que su venta ha aumentado más de un 60% en las últimas semanas, junto a otro producto estrella, el repelente antimosquitos, que acompaña las fases iniciales del desconfinamiento en los largos paseos).

La harina ha sido otro polo magnético: durante muchos días fue un ovni (objeto valioso no identificado en la estantería), con subidas que también rozaron el 200%. Muchos han sido horneros o pasteleros durante la pandemia. Y hasta los panaderos salieron en defensa de su oficio en varios medios alegando que nos dedicábamos a "juegos de niños".

El estudio de la consultora Nielsen concluye que el consumo de productos frescos creció, a pesar de las reticencias iniciales de los consumidores por el temor a contaminarse, y que muchos decían comer más equilibrado en sus casas. Pero en esto los datos publicados parecen contradictorios: también aumentó el poco saludable consumo de vino, de cerveza y chocolate, o los llamados alimentos de disfrute, como aperitivos, aceitunas y patatas fritas. De entre las carnes, se optó por las más económicas, como el lomo de cerdo, las salchichas y hamburguesas.

Según los datos que ofrece el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, a mitad de la cuarentena estaba claro que había aumentado ese consumo de productos frescos, con un crecimiento del 24,3% interanual, como ocurrió con algunos pescados (un 20% más). Ha habido fruta, verdura, huevos, pollo, carne fresca y pescado, productos que han ido estabilizando su demanda a medida que avanzaba el confinamiento.

Los alimentos denominados premium y que solían disfrutarse en restaurantes (como el solomillo, el entrecot, el cordero, el pulpo, el rodaballo o los langostinos) fueron descartados por la mayoría, según los datos que ha ofrecido Mercabarna, y en cambio creció el consumo de cítricos y de frutos que tuvieran vitamina C, como la naranja, que ha sido la más vendida con diferencia, junto al limón, y algunas hortalizas tradicionales como la cebolla, el puerro o las zanahorias. Muchas de estas compras las hicimos en los establecimientos más cercanos a nuestras casas en unos meses en los que cayó el índice de confianza del consumidor (de los 85,7 puntos de febrero a los 49,9 en abril).

¿Más saludables?

La OCU llegó a la conclusión de que a finales de abril habíamos comido más (lo que puede que signifique un aumento de kilos), planificado mejor los menús, y tirado menos alimentos. Cayó la demanda de comida preparada (un 46%) y las listas de la compra, único armamento contra el descuido, se convirtieron en básicas (un 40% más que antes).

Tampoco queda claro en sus datos si ese aumento del acto de comer en casa fue más saludable o menos. Según el informe de la OCU, un 20% decía alimentarse de manera más saludable, mientras que un 19% negaba la mayor. La comida enlatada creció en la cesta, pero también los bocadillos. Como era de esperar, nuestras compras crecieron en el número de productos, pero a la vez se redujeron las visitas al supermercado: en general, apostamos por grandes cestas para cubrir el mayor número de días posibles. Muchos descubrieron entonces que existía una cosa vetusta, inventada antes del Renacimiento, que se denomina despensa.

Entre los cambios de hábitos reseñables está la compra on-line de productos alimenticios, que como todo lo virtual ha visto crecer su demanda con nuevos consumidores. En los primeros días se llegó a colapsar el sistema de ventas de algunos de los grandes supermercados, con colas virtuales más largas que en el súper físico. En dicho sistema se apostó principalmente por lo que llaman "alimentación seca", como el agua, leche, arroz y latas, productos gourmet e internacionales.

En cuanto al ejercicio físico, compañero inseparable de una dieta saludable, parece que también hemos asistido a un cambio radical. Han aumentado, por ejemplo, las ventas on line de todo tipo de complementos relacionados con el deporte casero.

Tres de cada cinco españoles apostaron por practicar alguna actividad física durante la desescalada, según un sondeo de Ipsos Digital. Principalmente, como si fuéramos flaneurs, nómadas de las esquinas, nos estamos dedicando a caminar (58%), y algunos a correr (22%), seguidos muy de cerca por la bicicleta (19%). Un 86% afirmó que sus hobbies han sido su válvula de escape durante el encierro, y entre las nuevas aficiones caseras destacan, cómo no, hacer ejercicio (46%) y, una vez más, la cocina (45%). Ahora en la desescalada parece que el mayor deseo es viajar (48%) e ir a restaurantes (41%). Que nos cocinen otros por un día.

Así que queridos maestros de yoga digitales, gente que salvó su cuello gracias a la papiroflexia, anfitriones que en las próximas reuniones con amigos los sorprenderán con sus magníficos guisos y postres: sigan caminando, corriendo, leyendo, y cocinando saludablemente, mantengan sus hobbies e increméntenlos –pues salvan vidas-, continúen hablando con sus amigos por videoconferencia... porque entonces podremos decir que algo bueno pudimos sacar de este desastre.