Pato confinado

Homenaje a un agricultor responsable

Este artículo ha sido publicado hoy a las 7.09 horas, punto exacto del amanecer en el municipio de Galápagos. Y puede parecer extraño porque estás a punto de leer la historia de un ocaso...

A esas horas seguro que los calabacines aún estaban tristes. Los tubérculos mohínos. El mundo vegetal se habrá despertado conmocionado. Porque esta semana ha fallecido, se fue hace solo unos días, Juanjo de Blas, un agricultor comprometido de dicho pueblo en Guadalajara.

La vida parece más perra, salvaje y cruel, desde que se lo haya llevado la enfermedad. Pero Juanjo ha sido un ejemplo y es justo rendir memoria. Es de los mejores espejos entre los defensores del medio ambiente y de la justicia social. Coherente hasta el último aliento, peleó por una agricultura genuina, justa y ecológica.

¿Y qué importará su pérdida en una situación de crisis como la actual?

Le importa a la tierra. Le importa al futuro. Seguro que los pájaros también tendrían mucho que decir en esto.

Sus garbanzos ecológicos eran de los mejores que haya probado nunca este cronista. Quedará pendiente una entrevista en que nos explicara en este blog cómo debería ser la huerta del mañana, qué tendríamos que cambiar hoy para hacer de la utopía un derecho y superar así la deriva que puede llevarnos al colapso.

Juanjo estará ahora en el cielo más punk - porque fue punk hasta el final- y no podemos entrevistarle. Vuela entre las grullas que amaba y señalaba, es un viajero de las estrellas. O quizás se encuentre en las huertas celestes, quién sabe si en el Agro-Valhalla de los guerreros del campo, lugar donde seguir dando guerra, donde suena a todas horas Evaristo Páramos y puedes jugar al mus con los Eskorbuto.

Decir guerrero en este caso no es exageración. No lo tuvo fácil, como otros agricultores ecológicos. Dar de comer, alimentar con conciencia a los ciudadanos, es un acto de amor, pero también una tarea difícil. Muchos vendavales debe enfrentar quien no sigue las leyes comerciales del glifosato, quien sabe que la tierra debe ser cuidada ante todo y todos. Juanjo representa a una generación de agricultores que han dejado con su piel semillas que en un momento u otro tendrán que germinar (porque nos va el futuro en esto).

Son héroes, visionarios, fuerzas que contra todo pronóstico nos envían la brisa de un influjo. Gentes que hicieron y hacen de este mundo un lugar orgánico, apasionado. En una tierra dura como es Galápagos, le preocupaba ante todo el fruto, entendía el paisaje como un espacio de coherencia.

Muchos lo recordarán por las fotografías que publicaba en Facebook, liebres, perdices, toda clase de animales que se le cruzaban por el camino mientras sembraba o recogía con la cosechadora, seres que se sentían más seguros en sus campos (y que también tendrían mucho que decir aquí...)

Juanjo, como otros que estarán sudando contra un modelo agroalimentario equivocado, era una raíz, una emanación directa de la tierra, porque la vida es tozuda y fuerte en este planeta, como lo fue este agricultor responsable, de risa socarrona y voz de gigante.

Se va un padre estupendo, un marido generoso, un amigo carismático, una fuente de conocimiento, un guía. Las lágrimas riegan los surcos. Las legumbres tienen sus hojas a media asta. Las grullas vuelan alto, en formación. Su tribu está ahí, de Este a Oeste, de Norte a Sur, y llora en el adiós, pero es la tierra la que más pierde. Cuando cae un defensor de los ecosistemas, el planeta se resiente.

Resentir, no obstante, tiene que ver con resiliencia. Semilla guarda relación con futuro. Fue la escritora Gioconda Belli quien dijo en una entrevista que los humanos, por desgracia, no vemos los resultados de nuestras obras. Juanjo, gran lector, me consta que disfrutó los libros de la poeta nicaragüense.

El tiempo histórico, como el geológico, es demasiado largo, y la vida humana demasiado corta (especialmente truncada en el caso de nuestro héroe). Pero el cambio está ahí, siempre, cada acción suma en el engranaje. Juanjo movió esa máquina como nadie. Fue un titán, un Quijote, que sembró, en aquel lugar de La Mancha de cuyo nombre siempre vamos a acordarnos, esperanza.

Estoy seguro de que sus maravillosos hijos podrán ver como avanza ese engranaje. Entonces lo sabrán: mucho de eso bueno del futuro tiene que ver con la semilla que plantó su padre.

Fue un cultivador en la máxima expresión de esta bella y necesaria palabra. Plantó los campos con mucho más que legumbres. Y por eso este artículo no habla en realidad de un ocaso, y esta es la razón de que se haya publicado al punto del amanecer.

Hasta siempre, surcador de esperanzas, indómito defensor de la tierra. Vuelas alto para que muchos encuentren camino. Tus garbanzos fueron magníficos.