Pato confinado

Los suecos a veces no invitan a comer y nosotros hacemos ruido… Raras costumbres en la mesa

Foto: Pixabay/ vivienviv0.

La cosa iba contra los suecos y se hizo viral. La han llamado en las redes el #Swedengate. Hablamos de una polémica que ha escalado por el globo como una pandemia de tópicos. En síntesis o titular: "Los suecos no te invitan a cenar". Algunos hasta se atreven a preguntarse si son ‘tacaños’.

Los vecinos de Suecia, a juzgar por sus comentarios en las redes sociales, se han sentido indignados con esto. Todo empezó con un comentario en un foro de Reddit (ese lugar que es como el portal por el que salen los demonios de Strangers Things).

Alguien preguntó allí: "¿Qué es lo más extraño que has tenido que hacer en casa de otra persona debido a su cultura o religión?"

Y allí otro respondió que una de las cosas más raras le había sucedido en Suecia. En Suecia, sí. No en Papúa de Nueva Guinea o en la selva de los guaraníes.

El motivo de la extrañeza se debía a las costumbres y protocolos en la mesa. En Suecia no te invitan a comer, dijeron varios usuarios, hablando (supuestamente) de sus experiencias personales.

"Recuerdo ir a la casa de mi amigo sueco. Mientras jugábamos en su cuarto, su mamá gritó que la cena estaba lista. Y ojo a esto: me dijo que ESPERARA en su habitación mientras comían", escribió en el foro el usuario que ha desatado un huracán de artículos, post y tuits, dentro y fuera de Suecia.

Costumbres suecas

Muy lejos, cerca del círculo polar, los suecos se hacen el sueco y te dejan fuera del encuentro, de la protección de la tribu, te dejan en la habitación como si fueras un hámster (pues te tocará comerte las pipas).

Esta costumbre seguro que ha sido exagerada en las redes sociales, pues habrá familias que inviten y otras que no, zonas donde sean más proclives a un individualismo atávico y mesas de una hospitalidad generosa. Pero a juzgar por cómo han respondido a la defensiva muchos suecos parece que tiene una base cierta.

A los pueblos mediterráneos, algo más sociales y comunitarios, puede chocarnos. Somos tanto de invitar que hasta atraemos al perro o gato del vecino con golosinas. Tampoco comprenderíamos lo del alcohol. Entre los suecos, cada uno se trae el licor a las fiestas y bebe solo de ahí (el vino, por los impuestos, vale una fortuna).

Las explicaciones que han dado algunos suecos después del escándalo han sido de lo más variadas, tanto en artículos de prensa como en las redes sociales.

Hablan de costumbres con arraigo. Dicen que la comida se reparte en casa y solo entre los de la casa porque nadie quiere ‘sabotear’ las cenas de otros hogares (un entendimiento no verbal entre las familias); hablan de unas señas de identidad que surgieron en lugares donde antaño no había muchos alimentos, cuando los azotaba el peor de los inviernos que te puedas imaginar (es más fácil ser mediterráneo, con solecito, y regalar paella). Dicen que querían evitar así deudas, conflictos de estatus o roces innecesarios (porque la madre de Lars cocina mejor y más abundante). Todo muy protestante en el fondo. Cada uno a lo suyo y sin persianas (los españoles somos de los pocos europeos que usamos, por cierto, las católicas persianas).

Parece claro que no se trata de una cuestión económica sino de normas consuetudinarias, fuentes de un derecho no escrito. Pero si lo pensamos bien, si nos diéramos un paseo por las mesas y costumbres del mundo, el caso sueco, en cuanto a choque cultural, no es tan extraño...

Raros del mundo

Todo depende del punto de vista y del lugar de nacimiento. En China, sin ir más lejos, los platos no se sirven en ración individual para cada comensal, al modo español, sino que sacan numerosos platillos para que el invitado se sirva a su gusto.

Los palillos, que hacen la función de tenedor y pueden ser un arma del kung fu, tienen un protocolo estricto: nada de clavarlos en el arroz (no es buena idea fusionarlo con las costumbres del banderillero); nada de señalar a alguien con ellos; nada de hacer ruido o tocar la batería en la mesa...

Siempre que te acerquen uno de los platos es mejor coger un poco, aunque sean criadillas de búfalo o huevos marinados con orín (son recetas reales en algunas zonas), porque es de mala educación rechazarlo.

Si te terminas hasta el último grano de arroz parecerá que te has quedado con hambre y está mal visto. En cambio, hacer ruido mientras comes, como al sorber los fideos, o incluso eructar, puede ser señal de agradecimiento.

En lugares como en la región de Sulawesi, en Indonesia, a los miembros de la tribu toraja la cosa se les han ido de las manos e invitan a veces hasta a los difuntos a comer. Los tienen momificados y los desentierran, y les dan un cigarrillo y una copa.

Si pasamos a Europa, en Francia dicen que no se puede cortar con el cuchillo la lechuga y que hay que poner las manos siempre encima de la mesa. En Portugal no deberías pedir sal o pimienta para aderezar el plato porque es una ofensa al cocinero (o al menos eso ha publicado la prensa anglosajona). En Italia jamás pidas una cuchara para comer los espaguetis y nunca hagas los carbonara con crema de leche.

Los alemanes tienen en cuenta la puntualidad y también que no te excedas en la casa que visitas como si fuera la tuya (mejor ir de puntillas). Cosa que no ocurre en Brasil, por ejemplo, donde ser muy puntual a la comida puede ser hostil.

En Reino Unido rechazar una taza de té seguramente te llevará a un nuevo Brexit, y recuerda que muchas de las casas tienen moqueta hasta en el lavabo (vigila con las salsas).

Si saltamos a América, en México los tacos se cogen con las manos y debes vigilar con su percepción del picante. Para ser el más chingón, mánchate las manos y abrasa tu garganta con quemaduras de tercer grado.

En Estados Unidos adoran el pan dulce y ponen cantidades de hielo extremas en sus bebidas XXL. Les encantan las porciones gigantes y por eso es común que se lleven las sobras de los restaurantes a casa.

En Buenos Aires el café se usa para todo, hasta para hacer el amor. Y en África, India y Oriente Medio, se come mucho con las manos. Nada de atacar el cuscús o las gambas con el tenedor y cuchillo, usa tu mano (derecha) desnuda.

Vemos que cada país tiene lo suyo, es el reino de los tópicos. ¿Pero habremos pensado en si los foráneos también consideran raras algunas de las costumbres de los españoles en la mesa?

Ruidosos españoles en la mesa

Según encuestas y artículos publicados, los extranjeros se sorprenden bastante con algunas stranger things hispánicas. Lo primero, y por encima de todo, por lo ruidosos que somos cuando comemos, ya sea en casa o en un bar o restaurante.

Debido al alto volumen de nuestros encuentros, un sueco se podrá sentir como en un concierto de death metal del grupo Draconian o Mayhem, pero con bombas de patata y boquerones en vinagre puestos en cruz invertida.

Aunque es una costumbre que por suerte vamos reduciendo, siempre se han quedado anonadados con que tirásemos las servilletas, las cáscaras de gamba y los huesos de las aceitunas al suelo de los bares.

El tapeo les sorprende mucho, especialmente cuando es gratis, como en Granada (hay usuarios de Reddit que culpan a esta costumbre de nuestro desastre económico). Si ven un conejo con caracoles ponen la misma cara que pondrías tú al ver un colombiano comiendo hormigas de culo gordo.

Las horas en las que comemos los dejan igualmente patidifusos: el mundo no entiende una cena ruidosa a las diez de la noche y con las persianas bajadas. Piensa que un sueco cena alrededor de las cinco de la tarde. O alucinan con el fundamentalismo que mostramos con la paella y otros platos típicos: no puede haber queja del plato sagrado.

Nosotros, al contrario que algunos suecos, sí invitamos. Pero lo hacemos a una hora en la que nuestros queridos guiris están ya medio dormidos o muertos de hambre, bajo un griterío salvaje, y frente a una paella con ¡conejo! de la cual no podrán decir ni .