Pato confinado

Las mentiras de la 'operación bikini'

Foto: StockSnap/Pixabay.

Si te ha pillado el toro, el pato, o la estrella de mar, y aún no te has enfrascado en la ‘operación bikini’, estás de suerte: en esencia, muchos de sus preceptos podrían considerarse como una estafa en un tribunal.

Una estafa que en vez de criptomonedas usa la grasa como moneda de cambio, y que mueve millones de euros al año, dividendos basados muchas veces en promesas contrarias a la biología y en productos que suenan hasta mal: ‘dietas hipocalóricas’ o ‘milagro’, ‘comida dietética’, o simplemente ‘hierbas’.

Por no hablar de eso que los sociólogos llaman ‘cosificación’, ‘presión estética’ u ‘opresión mediática’. Por no mentar que en algunos casos la ‘operación bikini’ puede ser la puerta de entrada a un trastorno alimentario grave, como la anorexia...

La ‘operación bikini’ forma parte de los mitos contemporáneos, como aquellas historias arenosas de extraterrestres en el Área 51, o como eso que dicen que la Tierra es plana y que la sostienen unas tortugas haciendo un castellet cósmico. Algo así.

Que quede dicho desde el principio que no hay nada malo en cuidarse y en poner coto a la obesidad: el verano es tan buena fecha como cualquier otra para empezar. ¡Ánimo!

Pero los nutricionistas tienen un punto de partida bastante claro: los kilos de más acumulados en el invierno deben perderse progresivamente, no por mediación del golpe y de la agresión nutricional, y esto se hace con una dieta sana, completa y equilibrada, basada en los buenos hábitos (que, oh, sorpresa, deben mantenerse activos durante todo el año).

Tenemos kilos de evidencias que soportan esta afirmación. La llamada anual de la ‘operación bikini', en cambio, se muestra muchas veces contraria al sentido común. Hay estadísticas que aseguran además que solo un 10% de las personas que se lanzan a sus brazos consiguen mantener el peso a raya tras el verano.

Es como decirle a un ratón que con cuatro semanas de ejercicio intenso en la rueda, alimentándose solo de bebidas fabulosas y de alguna hierba, se convertirá en un león cuando llegue a la charca de agosto. Algo así.

Algunos buscan en tiempo récord un cuerpo perfecto, un traje juvenil de sirena o sirénido (¡aunque tengan 60 años!), un aparato que en pocas semanas puedan sacarlo a pasear por el chiringuito donde suena un clónico reguetón entre cuerpos igualmente clónicos, moldeados por infernales anuncios de perfumes. Algo así.

Y esta obsesión puede llevarnos a muchos disparates...

La culpa de todo la tiene Alfredo Landa

Los sociólogos aseguran que esta locura empezó con la revolución sexual (en España, con la llegada estival de las mujeres de Suecia y los ojipláticos deslices de Alfredo Landa).

Luego se agravó con la reproducción masiva de imágenes cosificadas en la publicidad y medios de comunicación (aún no habían llegado las redes sociales para echar más gasolina).

Pero el metabolismo y el organismo no entienden de modas, llevan demasiado tiempo en la Tierra, sufriendo hambrunas (entonces lucían palmito), y ataques vikingos en la costa (entonces no molaba tumbarse sobre el pareo en la playa de La Concha).

Nuestras células han escuchado demasiadas veces lo del bálsamo de Fierabrás y aquello de que El Cid consiguió ese cuerpazo campeador con solo dos semanas de ayuno cristiano intermitente.

Hay metabolismos y metabolismos, dirán. Claro. Quizás haya alguna ‘mejora’, pero el impacto puede ser perjudicial si se utilizan para ello las llamadas ‘dieta milagro’; los nutricionistas las consideran "una agresión al cuerpo".

Mala suerte, porque era bonito de creer, ¿verdad?: puedo comer pizza grasienta durante todo el año y, llegado julio o junio, según el caso, puedo dejar de ser ese animal omnívoro de los ultraprocesados para convertirme en una especie de rumiante de las lechugas y de los batidos détox. Todo arreglado.

La verdadera operación bikini

Los expertos y nutricionistas ponen el foco en que la verdadera salida de meta, si uno quiere entrar en esta competición -que tiene algo de absurdo, pues su objetivo verdadero no es la salud- debería empezar justo cuando acabe el verano, en septiembre, y planear la dichosa operación durante todo el año. Malas noticias.

Parece un poco loco adelgazar durante unos días solo para después ponerse hasta arriba de fritangas y arroz (o patatas fritas del súper, si nos hemos gastado el presupuesto en el apartamento). Y los expertos, tan plastas, bajándonos a la realidad, suman otra advertencia: hay prácticas, productos y dietas publicitadas, que más que embellecerte podrían estropearte.

Hay un dicho que se cumple. Y cuando lo comprendes e interiorizas es como un regalo. Se muestra tozudo y ubicuo, lo apliques a las bitcoins, a tu mascota, o a subir el Tourmalet en domingo: no hay nada gratis en esta vida. Si lo tuviéramos en cuenta, nos evitaríamos muchos líos, engaños y hasta disgustos.

Si quieres un cuerpo Instagram (que tampoco es necesario), es un trabajo anual y metódico, que depende además de tu complexión, metabolismo, genética y edad. Hay leyes físicas en este universo. Mecachis. El gato es ágil porque caza o juega mucho en casa, no por ser gato. De lo contrario, se convierte en una calcomanía de su amo: una bola perezosa.

La energía ni se crea ni se destruye, y la tablita de fregar abdominal no aparece sola o con cuatro crunches: a no ser que tengas veinte años, juegues algo al fútbol, y dispongas de eso que llaman una complexión atlética, y que solo la tienen cuatro de modo natural, y encima de la generación Z.

Dietas irreales y agujetas monstruosas

Bajo este orden de cosas, las publicitadas ‘dietas exprés’ no solo son irreales, sino que, según los expertos, poco saludables. Incluso si uno se pasa con el ejercicio físico intenso (¡corre, que no hay tiempo, que estamos a 31 de julio!), las famosas agujetas pueden pasar a un cuadro peor, la rabdomiolisis, unas agujetas severas, tóxicas, con impacto celular y sanguíneo, una monstruosa hinchazón que puede llevarte al hospital.

También hablan en sus artículos del ‘efecto rebote’: si has conseguido perder algún kilito tras tu ascenso al calvario, con las paellas de agosto se recuperará lo perdido con creces. Es como jugar al pez globo: me deshincho en verano para hincharme en invierno. Algo así.

También advierten de que si generas rápidas pérdidas musculares en lugar de grasa, tu cuerpo puede acabar "flácido y envejecido". Sí: la ‘operación zombi’ se aproxima...

Es como una venganza natural, lo supuestamente perdido se recupera rápido tras estos ‘ataques’ al cuerpo, que pueden producir a su paso trastornos metabólicos y alteraciones vasculares.

Hay que ir con mucho ojo: algunas de estas pautas alimentarias pueden llevar aparejadas serias deficiencias de nutrientes, vitaminas, bajadas de azúcar, hipertensión y anemia. Y esto no es moco de pavo sino de dinosaurio.

No hay nada a destiempo

La dieta y el ejercicio influyen durante todo el año. Este proceso debería ser saludable, equilibrado, rico y sostenible, ya sea en la operación bikini, en la operación rebequita, o en la del anorak.

Y no para causar admiración al resto de primates, sino para vivir más años y en las mejores condiciones posibles. Siempre que prefiramos vivir a bailar C. Tangana en Benidorm, claro está.

Si antes teníamos el principio de que ‘no hay nada gratis’, podemos añadir otro para terminar, que viene igualmente al caso y que suele cumplirse a rajatabla: no hay nada a destiempo.

Lo que hayas perdido durante todo el año no se puede recuperar en solo unas semanas extremas de agresión corporal. Es como querer ser un anacoreta para asistir luego a un absurdo concurso de belleza. Algo así. Aunque hoy sigue siendo un día perfecto, no lo dudes, para empezar a cuidarte.