Opinion · Recuperar el presente

«La PAH y las mareas han hecho el trabajo de los sindicatos»

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¡Abajo el régimen!

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Jorge Moruno
Sociólogo y autor del blog La revuelta de las neuronas

Pablo Iglesias y el Nega son conocidos por distintas razones pero por los mismos motivos: ambos ocupan un espacio de influencia en la esfera pública, uno presenta un programa y es tertuliano, el otro cantante de un grupo de música.

¡Abajo el régimen!, (Icaria Editorial) es un diálogo que encuentra a las dos polémicas figuras del profesor y presentador del programa La Tuerka y Fort apache, Pablo Iglesias y el Nega, cantante del grupo de rap Los Chicos del Maíz. Se trata sobre todo de una conversación entre la izquierda y para la izquierda. Dos personas que de una u otra manera han mantenido en el tiempo un vínculo cercano a una tradición política unida al PCE, aunque hoy ya no sea exactamente así. Entre la izquierda y para la izquierda desde la perspectiva de dos personas que no han vivido los tiempos convulsos de la transición, pero por eso mismo su lectura de la misma resulta ser más interesante.

De esta manera analizan sobre lo que se ha venido a llamar como “Crisis de régimen”, crisis de toda una configuración política, del poder, surgida de la transición que nace en el 78. Nega no percibe tal crisis, o al menos no en la misma dimensión que a veces se piensa. Iglesias puntualiza que la crisis se da, pero que son otros grupos los que pueden aprovecharla para fines socialmente poco transformadores. Del 68 al 15-M, discutiendo sobre sus causas, sus efectos e impacto en la sociedad, como también el papel que asume la izquierda ante semejante acontecimiento. El boom inmobiliario y la mutación que implica en la cultura, la dictadura de los mercados, las contradicciones que acarrea la globalización, España y la cuestión nacional o un tema tan peliagudo para la izquierda, como es la total pérdida de brújula en torno a los cambios tectónicos en la geopolítica.

Un libro donde se muestra claramente que sus autores preferirían pedir disculpas antes que ir pidiendo permiso. Un libro que impugna tanto la visión del consenso de la transición que observa en esta conversación un exabrupto, como también escandaliza la moral dominante de una izquierda que encontró en la negociación el modo institucional de operar el conflicto. Cuando lo que entra en crisis, y no por el hecho de deteriorarse, tiene una relación causal con una perspectiva de mejora en la vida del conjunto de la población, se vuelve más necesario que nunca volver a pensar la política tal y como es.

Sin moralismos ni nostalgia, únicamente desde la histórica perspectiva sobre cómo se relaciona y organiza el poder. Quizás por eso esta conversación entre amigos, pero partiendo de sus desacuerdos encontrados, acaba con una pregunta tan simple como fundamental: ¿Qué hacer? Recordarla es necesario en la actualidad, más cuando en ocasiones son los autodenominados leninistas quienes han preferido quedarse con el agua sucia de la ideología a costa de tirar a la basura al niño del movimiento real.

«Mucha gente se tragó el mito de Europa»

Extracto de la conversión entre Pablo Iglesias y Nega contenida en ¡Abajo el régimen! 

Nega

Hay que ver lo bien que ha calado el discurso europeísta en nuestro país. Cuando criticaban a Felipe González ‘el pedigüeño’ por mendigar los fondos de cohesión. Felipe González era los Reyes Magos: venía con una mochilita con dinero de los alemanes y no sé, siempre se entendió a Europa como modernidad. En el año 1992 confluyeron los Juegos Olímpicos, la Expo de Sevilla, Madrid fue la capital de la cultura y de alguna manera fue como nuestra puesta de largo ante la Europa moderna y el mundo. Desde entonces la gente tiene a Europa como símbolo de prosperidad. Supongo que desde que apareció el concepto Troika, la cosa está cambiando.

Pablo Iglesias

Y estuvo funcionando durante un tiempo; se creó una burbuja. Los españoles se cogían un avión de Ryanair y se iban al norte de Europa y decían: «Si no es tan caro, es igual que en España». Los chavales universitarios se iban de Erasmus e incluso mucha gente por primera vez salió fuera de España. Mi madre por primera vez en su vida se cogió un avión con una amiga para irse a Berlín un fin de semana, ¿cuándo un español había cogido un avión para ir a hacer turismo a Berlín?

En el año 2007, cuando los resultados de la moneda única eran desastrosos porque no se crecía al ritmo esperado en la eurozona; de hecho estaban creciendo más Reino Unido, Suecia y los países que no entraron en la unión monetaria, los defensores del euro decían: «Hay dos países que van de puta madre: Irlanda y España» y daba la impresión de que en esos dos países que se fundamentaban en el ladrillo, todo el mundo vivía muy bien, que estaba aumentando el poder adquisitivo de la gente, que subían los salarios, y yo creo que mucha gente se creyó ese camelo. Mucha gente se tragó el mito de Europa.

Otra vez volvemos a conceptos abstractos: la burbuja inmobiliaria, la especulación y los pelotazos, pero es que esto tiene una traducción directa en las experiencias concretas de la gente.

Nega

¿Una traducción directa? Pues, por ejemplo, yo estuve trabajando de instalador de gas y calefacción en plena explosión de esta burbuja inmobiliaria. Se construía sin conocimiento, se devastaba el paisaje. Las constructoras ganaron mucho dinero, sería imposible calcular cuánto, cifras que escapan al raciocinio. Yo veía a los chavales, sobre todo en el tema de la albañilería, que ganaban auténticos sueldazos, muchos cercanos a los 3.000 euros. Cuando en un país gana más el albañil que el arquitecto, es que algo no está terminando de encajar, es una bomba de relojería. Pero todos miraban para otra parte. Por momentos parecía la victoria de la clase obrera. El albañil tenía el mismo coche que el constructor. Todo el mundo era propietario. ¿Pero qué pasaba? Era todo ilusión, simulacro. Entre otras cosas había mogollón de destajos obligados. Había chavales que me decían: «a mí me gustaría ganar 2.000 en lugar de 3.000, pero estoy obligado a trabajar las horas que ellos quieran». Se hablaba de lo bien que iba España. Zapatero decía que habíamos desbancado a Italia y que estábamos en la Champions League de la economía. Pero nadie hablaba del número de horas que se trabajaba. Por eso a mí me duele mucho cuando desde la derecha, desde el gobierno e incluso desde partidos como UPyD, se dice que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Eso es mentira. Se obligaba a trabajar a destajo y si no quieres tú, vendrá otro, a trabajar por esas horas, por ese dinero. Cuando se habla de que se vivía por encima de nuestras posibilidades no se habla de las horas extras obligadas, además la gran mayoría no se pagaban en A, se pagaban en B. Y ahora resulta que la culpa es del chavalito que con 16 años abandonó los estudios para entrar en la obra y se compró un buen coche y un piso. Es un razonamiento de lo más extendido, recuerda lo que dijo Strawberry34 en La Tuerka. Pues no, que os jodan. La culpa nunca es del obrero al que le obligan a hacer 10 e incluso 12 horas diarias. A ver si ahora va a resultar que comprarse una casa es vivir por encima de tus posibilidades.

Los resultados de esos destajos obligados los estamos viendo ahora, un montón de pisos vacíos. Es curioso, porque nosotros con el grupo recorremos mucho el país con la furgoneta y es desolador, te encuentras auténticas zonas rollo Mad-Max, con torres de edificios a medio construir, paisajes perfectos postapocalípticos. Solo falta ver disputas por el agua y la gasolina. Ten en cuenta que cuando se queda una obra así, a medio hacer y empantanada, supone no pagar al del aire acondicionado, no pagar al del gas, al albañil, no pagar al electricista, etc. Y lo más grave, había mucha gente que compraba el piso sobre plano porque salía más barato, y muchas parejas se vieron con una hipoteca que pagar, un piso por construir y el constructor con cuentas en Suiza y desaparecido. No es que te echen de tu piso porque no pagas, es que lo has pagado y no tienes ni casa ni nada. Por supuesto fueron las clases populares las que pagaron el pato. Un rico no compra una casa sobre plano en las afueras de una ciudad.

Pablo Iglesias

Creo que esto era una de las bases del consenso, del consenso que apuntalaba el régimen político español. A nosotros nos dolía mucho la mentalidad que se había creado en buena parte de la clase trabajadora que asumía los valores de la derecha. Fidalgo, de CC OO, es un buen ejemplo de esa nueva conciencia obrera que asumía los valores del enemigo; lo mismo que los jefes de IU de Madrid de origen obrero que se vieron a sí mismos con Florentino Pérez en el palco del Bernabeu, lo mismo que los sindicatos y las asociaciones vecinales apoyando la candidatura olímpica. Aquello era el símbolo de la victoria del capitalismo español. ¿Cautivo y desarmado el ejército rojo? Mucho mejor en el palco del Bernabeu y le llamamos a todo eso diálogo social.

Quien ha conseguido romper eso es la PAH. Hace unos años la gente entendía que si no podías pagar tu casa era normal que el banco te echara y todo el mundo quería ser propietario. Había un ministro franquista que decía: «no queremos un país de proletarios, sino un país de propietarios», y al final lo consiguieron. Sin embargo, ahora las cosas han cambiado. Los desahucios han hecho que la gente piense de otra forma y que reivindique el derecho a poder disfrutar de una vivienda y no tanto el de ser propietario. La PAH y las mareas han hecho parte del trabajo que deberían haber hecho los sindicatos.