Opinión · Nulidad de Actuaciones

Las cloacas del Estado: Ni nos sorprenden, ni es su final

Tener el privilegio de formar parte del equipo de una acusación popular que participa en numerosos procedimientos judiciales contra las cloacas del Estado le da a uno cierta perspectiva ante el maremágnum de noticias de los últimos quince días.

No voy a extenderme sobre lo más evidente y que tantos otros han dicho antes y mejor que yo: es gravísimo en cualquier Estado de derecho que sus comisarios de policía más poderosos, por orden del Gobierno del PP, espíen sin habilitación legal y fabriquen informes falsos contra Podemos para luego trasladárselos a periodistas mercenarios como Inda y su equipo de OKDiario, quienes los publicarían a sabiendas de su falsedad.

Pero sí que me gustaría hacer unas reflexiones más allá de los titulares y las frases altisonantes para acotar lo serio que este asunto es y lo lejos que estamos de resolver este problema:

Primero.- La policía patriótica del exDAO Eugenio Pino, José Ángel Fuentes Gago, Villarejo, Inda, etc no son las cloacas del estado. Son solo una organización criminal más entre otras muchas que pululan nuestro subsuelo, nuestras cloacas. En este caso son una organización criminal a las órdenes del PP (“Yo he hablado con el Ministro del Interior español y el Ministro del Interior español habló con el Presidente español. Yo solo tengo un mandato aquí…” llega a decir Fuentes Gago, para dos años después negar ante el Congreso de los Diputados haber participado en ninguna operación contra Podemos). Así que no restemos méritos ni importancia a todas esas mafias y sanguijuelas de lo público que hubo antes que ellos, que vendrán después de ellos y que han convivido simultáneamente con ellos. Dados los 30 años de trayectoria profesional de Villarejo, es impensable descartar que no habrá futuras piezas en el Caso Tándem sobre las cloacas de Aznar y las cloacas de González (como si no hubiéramos escuchado ya bastante de estas, la verdad)

Segundo.- Es un error considerar que los grupos criminales dentro de las cloacas del Estado se mueven solo por ideología o patriotismo mal entendido, como da a entender Eugenio Pino cuando dice que todo lo que ha hecho ha sido “por España”. Los grupos criminales actúan para incrementar o mantener su poder, nada más. Han atravesado nuestra democracia, desde la misma Transición, como un cuchillo incandescente atraviesa la mantequilla. Villarejo, Póntifex Maximus de las cloacas, lo resumió perfectamente cuando le dijo a López del Hierro que “mi corazón está en el PP, pero mi cartera en el PSOE”.

Por eso, intentar comprender las motivaciones de las cloacas solo en virtud de sus afiliaciones políticas puede ser también un gran error. Villarejo y su entorno hacían de agentes libres del PSOE, al día siguiente maquinaban con Dolores de Cospedal cómo detener el comienzo de la Gürtel, después negociaban con traficantes de armas sirios en contra de los intereses de España y finalmente acababan filtrando el vídeo de Cristina Cifuentes.

Tercero.- Las numerosas organizaciones criminales coexisten entre ellas mientras no se pisen sus objetivos. ¿Recordáis la película “Munich”, de Steven Spielberg, cuando coinciden en un piso franco terroristas israelíes, palestinos, vascos e irlandeses y conviven unas horas sin preguntarse nada pero compartiendo la música de la radio? Pues Villarejo es el arrendador de ese piso en nuestra historia y en su piso franco convivían Francisco González del BBVA, despachos de abogados, empresarios, blanqueadores de dinero de Guinea, la policía patriótica contra Podemos y los independentistas catalanes, organizaciones criminales de cualquier país, y hasta aquí puedo leer de momento… Todos ellos se cruzaban en el piso y, satisfechos con las gestiones de Villarejo, susurraban su nombre al oído de sus amigos con “problemas sin resolver”.

Por si fuera poco, la ubicación de este piso franco es conocida por todos los Gobiernos desde, al menos, el PSOE de Rubalcaba, bajo cuyo mandato Villarejo escribió numerosísimas notas informativas para sus superiores. Villarejo tuvo siempre bula para actuar y gestionar sus negocios privados mientras siguiera siendo útil al Gobierno.

Cuarto.- En nuestra sociedad actual, subyugados por las redes sociales y canales de comunicación, un titular falso es más poderoso que una bala: Genera menos animadversión en los espectadores, te ahorras crear mártires y evita investigaciones policiales rigurosas. Quiero pensar que también es una cuestión de escrúpulos morales. De ahí que el blanqueamiento de investigaciones policiales ilegales por medios de comunicación cómplices sea desde hace años el método preferido para acabar con un adversario público. No estamos hablando de periodismo de investigación, el cual se basa en mayor o menor medida en filtraciones de actos legales pero reservados de policías y juzgados, sino de crear noticias con el único fin de dotar de apariencia de legalidad a actividades policiales y gubernamentales falsas. Si tu única fuente es Villarejo o Eugenio Pino y ellos deciden también por ti los tiempos de publicación no eres un periodista, eres un mercenario con pluma en vez de fusil.

Pero la brigada política elevó este método a nivel de arte. Ya no solo filtraban información de operaciones policiales, sino que creaban información falsa malversando fondos públicos con el único objetivo de que se convirtiera en viral en las redes sociales y tertulias televisivas. Viajes a Andorra y Suiza contra los independentistas catalanes, viajes a Nueva York y Venezuela contra Podemos, cenas y hoteles, pagos a falsos confidentes y a espías, creación de documentos patentemente falsos como la orden de pago a Pablo Iglesias en Granadinas o la cuenta falsa de Trias (¿Sabéis quién la publicó en 2014 en El Mundo? Inda, por supuesto), etc. Cualquier método era válido para crear un pseudoinforme policial. Eso sí, hasta la fecha, ninguno ha sido mostrado en su totalidad y nadie ha podido saber ni qué unidad ni qué agentes los confeccionaron.

Quinto.- La apertura de una pieza separada secreta en el Caso Tándem con el robo del móvil de la asesora de Pablo Iglesias y la salida a la luz de las grabaciones de Fuentes Gago en Nueva York tampoco serán el fin de Inda y de la policía patriótica, al menos a corto plazo. Lo que está saliendo ahora en las noticias era vox populi pero nuestras denuncias públicas y judiciales han sido deliberadamente ignoradas durante años por tribunales de justicia y medios de comunicación más interesados en el share que en la verdad.

Y es que hemos de admitir una gran verdad sobre las cloacas: Nuestro Estado de Derecho se sustenta, en gran medida, en actuaciones gubernamentales y policiales ilegales que ningún Tribunal quiere investigar. Las cloacas son el reverso tenebroso de nuestro Estado de Derecho, es el borrón que queda en el folio cuando aplicas mal el tampón de caucho que dice “Top Secret”. La Ley de Secretos Oficiales garantiza que los servicios de información de Policía y Guardia Civil, el CNI y el uso de fondos reservados están excluidos del control judicial. Solo pueden conocerse si el Gobierno autoriza su desclasificación. Sí, eso es, el mismo Gobierno que comete los delitos es el que debe decidir si quiere aportar las pruebas necesarias para esclarecerlos. No es casualidad, por ello, que el actual Gobierno del PSOE haya desclasificado los documentos que afectan a la operación Kitchen, la operación para robarle los pápeles comprometedores a Bárcenas, pues es un torpedo a la línea de flotación del PP, pero aún no sepamos nada sobre los presuntos servicios prestados por Villarejo durante el Gobierno de González o Zapatero.

Sexto.- El final de todas estas mafias que crecen y se alimentan de las cloacas no podemos confiarlo a los procesos judiciales. Son largos, caros, inefectivos, sometidos a grandes presiones y solo se activan a toro pasado. Exigen además un ingente esfuerzo y sacrificio por parte de los pocos jueces, fiscales, policía judicial y acusaciones que están abordándolos de verdad. Acabar con las cloacas no debe ser tarea de héroes, sino una responsabilidad pública. Y es que la Justicia está diseñada para atajar el síntoma pero no para prevenir la enfermedad. Por un lado, el procedimiento judicial piensa solo en el robagallinas (Carlos Lesmes dixit), pero no en los funcionarios que prevarican continuamente en la intimidad de sus cuarteles, juzgados o parlamentos. Por otro, nuestros jueces y magistrados, bajo el ropaje de imparcialidad y legalidad, sistemáticamente ningunean por prejuicios de clase, ideológicos o por simple indolencia estas investigaciones. Hay algunos que directamente son íntimos de las cloacas, como los magistrados de la Audiencia Nacional Pedraz y Andreu, habituales de las comidas “a calzón quitado” que organizaba Villarejo.

Séptimo.- Necesitamos implantar un sistema sólido de check and balances, similares a los existentes en los países sajones, por el que las actuaciones policiales y gubernamentales sean objeto de una fiscalización correcta y en tiempo real. No puede ser que no podamos saber quién ha accedido a datos confidenciales en bases de datos policiales porque las peticiones entre unidades policiales se hagan “por teléfono o dejando un post-it” como han declarado varios agentes de información en el Caso Tandem. Y, sobre todo, necesitamos interiorizar que una actitud crítica ante los poderes públicos es la mejor manera de prevenir abusos. No debemos satisfacernos, ni jueces ni periodistas ni ciudadanos, con explicaciones vagas e imprecisas como las que dio Eugenio Pino ante el Congreso o en varios Juzgados, ni con informes policiales sin sello sin autor ni unidad responsable como el Informe PISA, ni con noticias que hablando de “fuentes policiales o jurídicas” ofrecen documentos falsos como la Orden de pago a Pablo Iglesias en el paraíso fiscal de Granadinas sin que nadie les diga que dejen de difamar o dejemos de consumir sus noticias.

Octavo.– Finalmente, que esto haya salido a la luz ha sido gracias a las muchísimas horas de trabajo de periodistas de investigación valientes y policías honrados que no se han contentado con las explicaciones fáciles pero sospechosas. Son hombres y mujeres que, por investigar a sus superiores, han sufrido amenazas, despidos, degradaciones y querellas por intentar investigar la Operación Cataluña, al Pequeño Nicolás, la trama Púnica, el caso Cursach en Mallorca… No ha sido gracias a los periodistas y tertulianos de opinión que ahora copan las portadas de los periódicos fingiendo escandalizarse. ¿Por qué no reconocemos su ingente labor durante años, muchas veces en la sombra y en la soledad?

Este no es el fin de las cloacas, ni el de Eduardo Inda ni de un PP corrupto que difamó en periodo electoral a un adversario político, pero al menos, por favor, no tengamos la desfachatez la próxima vez de decir que no podíamos saberlo.