Opinion · El repartidor de periódicos

La infanta y Griñán callan mientras Pedro Sánchez habla demasiado

image_content_2896710_20150410010122Ni la infanta Cristina ni José Antonio Griñán sabían nada de los negocios de Urdangarín ni del EREgate, respectivamente. Realmente, Griñán podría haber declarado ante el juez Castro y la infanta lista ante Mercedes Alaya. El cachondeíto llega a tales extremos que hasta el ABC, blasón kioskero de nuestra monarquía, le afea el palmito a nuestra infanta, esa que firmaba por amor todo papel que Iñaki Urdangarín le ponía por delante (eso sí, con conocimiento exhaustivo de la Casa Real).
–Anda, guapa. Firma este contrato falso.
–Lo que tú quieras, corazón. Pero conste que lo hago por amor, y no con ánimo de lucro.
–Faltaría más, princesa mía.
descarga (1)Es Luis Ventoso el abecero más enfadado, sin duda alguna, con nuestra tierna infanta. En su artículo de hoy, Poco tacto, sugiere que todo hubiera ido mucho mejor si Cristina hubiera regalado al vasallaje enamorado, o sea al pueblo, «unas simples palabras, o un comunicado pidiendo disculpas a los españoles». Lleva razón mi admirado Ventoso: con unas simples palabras o con unas palabras simples –que son a las que nos tiene acostumbrada nuestra monarquía– todos nos hubiéramos quedado más tranquilos. Eso sí, para que no le griten republicano por la calle, Ventoso recubre sus invectivas de mieles hacia los dos reyes que tenemos en España, que hasta para eso somos excesivos, carpetanos y vetones: «Nada parece haber aprendido [Cristina] de los reflejos y la honestidad con que su padre pidió disculpas por una simple cacería, episodio que con la templanza que da el tiempo creo que se exageró mediáticamente. Tampoco se le ha pegado el esfuerzo de ejemplaridad de su hermano Felipe VI, diligente a la hora de poner coto a las andanzas de Urdangarín». El asunto de la exageración mediática habría que consultárselo a Corinna y al elefante, pero ambos se encuentran en paradero desconocido. De la diligencia «a la hora de poner coto a las andanzas» de su cuñado por parte de Felipe VI nadie duda. Cuando visitaba a su hermana en el palacete de Pedralbes, de todos es sabido que Felipe VI siempre canturreaba en la puerta aquel viejo cuplé: «De dónde saca / pa tanto como destaca«. Más contundencia real en la denuncia es imposible.

imagesVuelve el aborto

Como lo de gobernar ya se hace solo, el PP, para distraerse, ha vuelto a sacar a la palestra el temita del aborto. Se conoce que Mariano Rajoy maneja encuestas secretas que le dicen que va a perder el voto de los obispos y el de Cayetana Álvarez de Toledo, que más que un voto es un billet-doux. Amenazan los populares con retocar dos insignificantes parágrafos de la actual ley para contentar a los epígonos de Rouco. El punto cuatro del artículo 13: «En el caso de las mujeres de 16 y 17 años, el consentimiento para la interrupción voluntaria del embarazo les corresponde exclusivamente a ellas». Y el dos del artículo 3: «Se reconoce el derecho a la maternidad libremente decidida».
Con criterio y donosura, el columnista de El Mundo Santiago González afea al Gobierno la inoportunidad del debate en esta eterna campaña que estamos gozando, además de explicitarnos lo que nuestra progresía de derechas opina del sexo en general, y del de las adolescentes en particular: «El dúo Aído-Pajín elaboró en 2010 una ley de plazos en la que calificaba el aborto como un derecho y se les permitía a las adolescentes de 16 años («mujeres», se decía en la ley con alguna hinchazón retórica) sin necesidad del consentimiento de sus padres. El Estado se ofrecía como cómplice y encubridor de fechorías adolescentes».
No se sabe si al decir «fechorías adolescentes» se refiere González a abortar o a darse un revolcón en el asiento trasero de un Fiesta. Define la RAE fechoría como «mala acción» o «travesura». Trata el tema el columnista con tan exquisita frivolidad que parece que nuestras adolescentes van por ahí jugando a abortar como otros se distraen con la play station. Fechorías adolescentes, sinónimo de aborto. Los campos semánticos de nuestra derecha mediática son inescrutables. Y enormemente respetuosos con la mujer, por otra banda.

GLaRazonIEl catalanismo yihadista

Si uno lee atentamente La Razón, enseguida se da cuenta de que el independentismo catalán y el yihadismo terrorista son la misma cosa. Se retroalimentan y hasta se subvencionan mutuamente. La vinculación de un presunto futuro terrorista con Nous catalans, fundación convergente creada para «ayudar a integrar en Cataluña a personas de otros orígenes», permite al periódico de Francisco Marhuenda hacer un ejercicio de literatura comparada que nos desvela las enormes conexiones que existen entre la obra de Ramón Llull y la de Osama bin Laden.
Se titulaba el reportaje de la página 12 de este jueves El islamismo radical se refugia en la fundación Nous catalans, y reza así: «Poco después de que se conociera la noticia de la detención de 11 yihadistas ayer en Barcelona, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, hacía saltar la polémica con unas declaraciones a Cataluña Radio en las que relacionaba independentismo e islamismo radical: «A raíz del proceso independentista, recuerdo que, en la fundación Nous Catalans, a mucha de esta gente se la intentaba captar y hacer proselitismo de esta comunidad con el hecho de la independencia». Las declaraciones del ministro dificilmente pueden sorprender a nadie ya que las Fuerzas de Seguridad del Estado llevan tiempo alertando de la peligrosa implantación de islamistas radicales en Cataluña y de sus lazos con entidades vinculadas a los partidos nacionalistas que intentan acercar a las comunidades islámicas al soberanismo. La Fundación Nous Catalans aparece frecuentemente mencionada en informes de este tipo».
Eso de que «las declaraciones del ministro dificilmente pueden sorprender a nadie» entronca con esa tradición periodística tan española de atribuirnos al populacho conocimientos de los que carecemos. Quizá sea un acto de cortesía por parte de nuestros periodistas. En mi cortedad, a mí sí que me han sorprendido las declaraciones de este ministro, capaz de vestir a Nuestra Señora María Santísima del Amor de guardia civil y viceversa. Como también me ha asombrado el hecho de que Marhuenda, el portadillero más creativo de la prensa española, no haya decidido ilustrar el artículo con un montaje de Artur Mas coronado con burka. Coño, Paco. Que te me distraes mucho con tanta tertulia. Es lo que tiene el don de la ubicuidad catódica.

Pedro Sánchez y Ban Ki-moon juegan al pasapalabra

Anque han tenido sus desafecciones, sus celillos, sus cornamentas, sus broncas y todas esas delicias que adornan la vida marital, El País y el PSOE siguen siendo los dos mismos viejos amantes de siempre. Últimamente, el periódico de Prisa está empeñado en demostrarnos que Pedro Sánchez, además de alto y guapo, estudiado, deportista, felipista y otras muchas virtudes, es también un superhéroe.
Lo confirmó en su visita al secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, al que todavía le están dando las sales para que recupere la consciencia. Pues, como nos relató desde Nueva York Sandro Pozzi, Sánchez sobrevuela el verbo a mayor velocidad que Batman surca los cielos de Gotham. «La tensión que se vive en Venezuela ocupó parte de los 20 minutos que duró el encuentro […]. En el encuentro con el secretario general de la ONU se abordaron asuntos como el terrorismo yihadista o el reto del cambio climático, que absorbió buena parte de la conversación […]. La actualidad hizo que se abordara la crisis en Yemen y la situación en Siria. El secretario general del PSOE hizo referencia al pacto de la oposición con el Gobierno en materia antiterrorista, ante la creciente amenaza yihadista […]. El papel que puede jugar España en el seno del Consejo de Seguridad, donde ocupa desde enero un asiento rotatorio por dos años, también se comentó».
Fueron los 20 minutos más intensos de la vida de Ban Ki-moon, sin duda alguna. Para preparar sus futuros encuentros con el líder socialista, el surcoreano ya ha pedido a Telecinco copia en vídeo de todos los programas de Pasapalabra desde su estreno en 2000. No está dispuesto Ban Ki-moon a dejarse humillar otra vez por Sánchez en ese disparatado juego de arreglar el universo orbe en solo 20 minutos. De momento, las sales.

Las palabras de la tribu

Hay palabras que de repente, en un momento determinado de la historia de los países, se envalentonan, se hacen protagonistas de la crónica y ponen a nuestros más doctos exégetas a reformularlas una y otra vez. Así hasta el absurdo. Le ha pasado esta semana al profesor de derecho constitucional Francesc Carreras en las páginas de El País. La palabra envalentonada en esta España de hoy es populismo, que comparte entrada en el diccionario de sinónimos con Venezuela, chavismo y Podemos. «Lo común a todo populismo no es una ideología substancial —derechas o izquierdas, por ejemplo— sino una estrategia para acceder y conservar el poder, lo cual le permite cobijar ideologías muy distintas, siempre que coincidan en que la causa de todos los males es una y sólo una, sea el zar o el rey, la propiedad, la religión, la oligarquía financiera, las élites políticas o la opresión nacional. Siempre debe ser una causa simple, emocionalmente sencilla de entender y racionalmente difícil de explicar con buenos argumentos».
Como el artículo va inevitablemente referido a los chicos de Pablo Iglesias, debería el líder indignado organizar una asamblea para que los compromisarios coloquen una equis en la casilla perteneciente a «la causa de todos los males», solo una. Pues andan en Podemos bastante despistados, y en lugar de ser buenos populistas y escoger «una causa simple, emocionalmente sencilla de entender», intentan rebelarse, todo a la vez, contra el zar, el rey, la propiedad, la religión, la oligarquía financiera, las élites políticas o la opresión nacional. Ni para populistas están preparados estos chicos, amigo Francesc.