Opinion · El repartidor de periódicos

David Jiménez: un reportero en una cacharrería

davidLa prensa a veces se convierte en noticia. Lo que dice muy poco en favor de la prensa y de sus lectores. La destitución, tras solo quince meses, de Casimiro García Abadillo y el nombramiento de David Jiménez como nuevo director de El Mundo tiene a las porteras y a los porteros en un sinvivir de traspatio. No se habla de otra cosa en España.

Como un reportero es solo un portero (o portera) que viaja con gastos pagos, a mí la cosa también me tiene como en ascuas y en insomnios, así que levanto el teléfono y empiezo a cotillear con mis ex compañeros de El Mundo.

–¿Y a ti qué te parece?

–De puta madre. Es uno de los nuestros.

Así me lo resume, bellamente, una portera/reportera. O sea, uno de los míos. Se refiere a que David Jiménez nunca ha pisado un despacho, no creo que muchas veces se haya encadenado a una corbata (quizás en alguna boda o algún juicio), y siempre ha sido más de viento que de aire acondicionado. Por primera vez en este extraño país, un reportero se convierte en director de un periódico papelero de los grandes. Él lo describe así en su blog: “Haber desarrollado casi toda mi carrera fuera de España tiene sus inconvenientes, y requerirá de un rápido aprendizaje y el apoyo de mis compañeros, pero también conlleva una gran ventaja: no tengo ninguna afinidad especial por ningún partido político en España. No debo favores a nadie. Nadie me los debe a mí. Mi única agenda será la búsqueda de la verdad, la denuncia de la corrupción, la independencia de las instituciones, la regeneración de la democracia de España y la defensa del derecho de los ciudadanos a conocer cualquier información relevante para sus vidas. Mi etapa como director habrá sido un éxito si reúno el coraje periodístico para mantener ese compromiso”.

Cierto es que esta declaración de intenciones es tan tópica, blanda y descolorida como las cartas de Heidi a su abuelito. Los reporteros, como los porteros, a veces se ven en la necesidad de disimular. Pero David Jiménez es un buen periodista y no me extraña que la gente de El Mundo ande bailando jotas aragonesas por la redacción tras el nombramiento. A ver cómo sale la cosa. No es nada fácil. Los reporteros, cuando nos tenemos que poner corbata, solemos llegar tarde a los sitios.

elmundo.750El programa imposible de Podemos

Ahora resulta que los populistas de Podemos andan presentando programas electorales imposibles. No se pueden detener los desahucios, es utópico subir el salario mínimo, solo los quijotes son capaces de vindicar que un enfermo vaya a la sanidad pública y le curen. Escribía este miércoles en El Mundo Victoria Prego: “Lo primero que llama la atención de este programa de Podemos es el número ingente de promesas que conllevan un enorme gasto y la ausencia absoluta de los cálculos sobre los que supone que han sustentado estas promesas […]. En definitiva, es un programa falso, de imposible cumplimiento en sus aspectos más razonables y que despide por todas partes un tufo totalitario que ahuyentará a los ciudadanos razonables”.

Lleva la gallega toda la razón. En España, los ciudadanos razonables estamos acostumbrados a que los partidos redacten programas coherentes que después se cumplen a rajatabla. Desde el inicio de la democracia, cuando Felipe González prometió nuestra desvinculación de la OTAN, jamás el español ha permitido que se desvíe la gobernabilidad un pelo de aquello a lo que se ha votado. En eso somos muy nuestros, no como los franceses. Nadie puede decir que el programa de Mariano Rajoy haya sido traicionado punto por punto. Nunca antes se había visto tanta puntillosidad a la hora de atender unas promesas. Es imposible negarle a este gobierno del PP su mérito a la hora de reducir los impuestos, acabar con el paro, impulsar las pymes, aplastar la corrupción o gestionar la “herencia recibida”. Sobre todo si la herencia ha sido recibida en B.

elpais.750El CIS

A veces las claves de lectura de los editoriales de El País son tan inescrutables como los designios del diablo. Por eso puede resultar muy divertido escrutarlas. El análisis que hoy divulgan de la encuesta del CIS en su editorial Situación muy compleja incluye un par de sintagmas, o tres, de bisutería estilística dignos de analizar. “Es verdad que no hay que exagerar la importancia de los detalles contenidos en el informe del CIS. La prudencia es de rigor”. O sea, que se pasen ustedes la portada de El País, que abre con la encuesta, por el forro: no hay que exagerar su importancia. “Se necesita un cambio de mentalidad para comprender y asumir las razones de la nueva cultura política. Cultivar la intransigencia tiene sentido solo en fuerzas que quieran encelarse en las líneas rojas por dar por perdida toda opción de gobierno”. Creo que está bastante claro dónde están “las líneas rojas”, y lo rojas que son. En 1936 no podrían haberlo expresado mejor. “Las elecciones tienen dos finalidades: elegir a los representantes y, después, formar Gobiernos». Ítem más: “Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera, Pablo Iglesias y otros dirigentes deberían trasladar a sus estados mayores y a los ciudadanos la necesidad de moverse en un escenario en el que nadie tiene asegurada una mayoría sólida”. Es extraño el orden de los protagonistas de este párrafo. Albert Rivera se antepone a Pablo Iglesias, qué velocidad, a pesar de que ninguna encuesta sitúa a Ciudadanos por encima de Podemos. Quizá es que entre el tercero y el cuarto nombre conviene “encelarse en líneas rojas”.

abc.750Lo del ABC no tiene desperdicio. Bajo el anuncio de su especial sobre la Feria de San Isidro titula a sabanón Podemos impulsa a PSOE y C´s. Tal titular se destila de un detenido análisis de la misma encuesta del CIS (no confundir con C´s). Y se apuntala editorialmente en la página cuatro con un rigor que deja exhaustos los adjetivos: “La estrategia de Rivera es seguir presentándose como la alternativa liberal de la sociedad indignada, frente a la opción cavernaria de Podemos”. Ya puestos, deberían haber escrito cavernícola en vez de cavernaria. No vaya a ser que se les vea el plumero y se descubra que el editorialista ha leído a Platón.

Un viejo reportero amigo me dijo hace mil o dos mil años en La Habana una frase que jamás he olvidado: “Castro es un hijoputa, pero yo soy castrista. Es imposible no ser un poco castrista después de haber conocido a los anticastristas”. Lo mismo, me parece, va a suceder con Pablo Iglesias. A mí me está empezando a caer bien precisamente por la calidad adjetivadora de sus enemigos.

@anibalmalvar