Opinion · El repartidor de periódicos

‘El País’ entierra a Rajoy

elmundoOneroso silencio de La Razón y ABC en el cuarto aniversario del 15-M. Ni una línea le dedica el periódico de Planeta al movimiento, y eso que se pasó por la madrileña Puerta del Sol para informarnos de que el número nueve del bastión indignado se va a convertir en un centro comercial de capital norteamericano para firmas de lujo. Escasamente perrofláutico, o sea. ABC ni siquiera se dio el paseo.

El Mundo, todavía con Casimiro García-Abadillo en la mancheta, hace sin embargo un elegante ejercicio de autocrítica ya desde su editorial principal. «Hace cuatro años que muchos erramos en la valoración de la dimensión cualitativa de las movilizaciones…», arrancan, para enseguida meter el dedo en el ojo: «…cuyo impacto va sin duda más allá del intento de la izquierda radical por patrimonializarlo». Finaliza la cosa con una extraña y contradictoria loor a Podemos, prueba de que la derecha más civilizada se ha dejado una rastita, aunque casi invisible. «Hay que agradecerles que en el debate público prenda hoy por encima de la vocación gerencial la empatía hacia los desahuciados, la sensibilidad hacia las desigualdades, la preocupación por la precarización de la juventud…». Hasta al hierático Íñigo Errejón le rodó una lagrimita al leerlo esta mañana. Son las cosas que diferencian a El Mundo (a veces, no siempre) del ABC y La Razón. Mientras unos intentan digerir lo que no tragan, los otros se encastillan en su eructo de silencio.

elpaisEl País, un día antes, esforzaba una imposible pirueta intelectual en la que cristalizaban 15-M, Podemos, Ciudadanos, la parida de Albert Rivera sobre la muerte política de los mayores de 35 años… para decir, sin citar a nuestro amado líder, «váyase señor Rajoy«. Atónitos lectores, el editorial se titulaba Dejen paso, exculpaba a Rivera su momentánea (esperemos) idocia, y dejaba en el aire un aroma que recuerda al perfume que usa Soraya Sáenz de Santamaría. «El cambio generacional en nuestro país está en marcha, con naturalidad y a buen ritmo, desde principios de 2014», escriben. «Con mucha frecuencia, los jóvenes que irrumpieron durante la Transición en España, y que ahora tienen más de 60 años, han hecho de tapón para otras generaciones con fuerza y preparación que quieren desempeñar su papel en los nuevos tiempos de cambios que vivimos ahora […]. Para acometer estos retos –y superar una cierta crisis de legitimidad– sería bueno, y beneficioso para todos, dar entrada a esas generaciones en los órganos de decisión de las instituciones». Más claro, agua. Porque el único líder provecto que nos queda entre los cinco grandes y no tan grandes partidos es Mariano Rajoy. Cierto es que El País da la extrema unción al presidente popular con la mesma flema con que la difunta miss Margaret Thatcher sorbía el té de las cinco en el coqueto saloncito de Downing Street, pero el té de El País está envenenado por un mayordomo de Miss Marple.

Los de Juan Luis Cebrián recuerdan la reciente abdicación de Juan Carlos y el enterramiento sin corona de rosas (ni puños) de Alfredo Pérez Rubalcaba, para recordarle a nuestro Mariano que «la Corona y buena parte de los partidos políticos nacionales han iniciado un cambio generacional acorde con los nuevos tiempos». Insisto: que la están peinando. A Soraya. Váyase, señor Mariano.

abc.750Las ocurrencias de Albert Rivera

El abecedero David Gistau insulta siempre con una sonrisa en la pluma, que es como se debe insultar. Decía quizá Mark Twain que la falta de humor es un síntoma imperdonable de mala educación. No es el caso de este David puesto al servicio de Goliat que es Gistau, heredero estilístico e ideológico de aquel último Umbral que se dejó llevar al limbo neoliberal seducido por el irresistible Pedro J. Se enfada Gistau con las FAES de José María Aznar, y califica de «reverenda cagada» un informe de este laboratorio de innovadoras ideas viejas que advierte del peligro que supone para el PP el «rumbo de colisión» con Ciudadanos. «FAES sigue detectando en C´s un intruso en un territorio político sobre el cual el PP mantenía un sentido patrimonial», escribe el columnista. «Lo más curioso es que FAES consagra como rival temible a Rivera justo cuando éste, sin ayuda de nadie, había comenzado a derivar de Kennedito a hazmerreír».

Y es que Kennedito Rivera lleva una semanita fatal. Primero cabreó a la envejecida población política, mediática e intelectual española con la ocurrencia de embalsamar electoralmente a cualquiera que tenga más de 35 años. Y después nos sorprendió con su solución habitacional, que viene a resumirse en que, si gobierna, impedirá que más de dos personas vivan en la misma habitación. Además del susto que nos dio a los sicalípticos amantes de los tríos, Rivera, con esta ocurrencia aparentemente infantiloide, enervó el instinto paternalista nada menos que de Federico Jiménez Losantos. Que tampoco daba crédito. En su artículo del miércoles C´s contra la ciudadanía (El Mundo), Federico analiza certeramente la excrecencia neuronal del joven candidato: «Resulta que para combatir lo que llaman pisos patera, […] van a decidir el número de personas que debe haber en una habitación y si hay más de dos, al multazo municipal se añadirá […] nada menos que la anulación del empadronamiento […] que nos priva automáticamente de de la posibilidad de votar».

Cada vez que coincido con Federico me preocupo un poco, of course. Pero sin duda pone mi pan en su ascua cuando le afea a Rivera que su propuesta es «rabiosamente anticonstitucional». «¡Ciudadanos contra el derecho a la ciudadanía!», clama el trovador mediático. «Yo creo, sinceramente, que para Rivera ha llegado el momento de pararse y meditar. Una dieta de tres días sin televisión le sentaría bien al Divino Impaciente», manda el paternal Federico al niñato Albert al cuarto oscuro. En plena campaña electoral.

Pero calla lo esencial, pues Federico es hombre de grande y muy taimada inteligencia. Las palabras de Rivera son una promesa electoral vacua por irrealizable, pero esconden un mensaje destinado a ese votante xenófobo y recalcitrante, neofascista y fanfarrón, que prohibiría la existencia de cualquier habitación que alojara a nadie de piel oscura. Ese votante ultraderechista, hasta ahora en el rincón del ángulo oscuro del PP, es el destinatario de las palabras de Rivera. No se trata de una ocurrencia huracanada por la campaña electoral. Ni es casualidad que casi cada día se descubra a un falangista entorchado en las candidaturas de C´s. ¿Por qué lo callas, Federico?

larazon.750Ussía, Feijóo y el taco

La prosa de Alfonso Ussía viene siempre impregnada de un tufillo a braguita niña y secreta de viejo verde. Y de rampante machismo también, por supuesto. Pero esa fijación, aunque algo perversa, le permite reparar en cosas que a los demás nos pasan más desapercibidas. En su última del jueves, en La Razón, reivindica el taco para la política a causa de un coño. Del coño, ni más ni menos, de Alberto Núñez Feijóo, presidente gallego y uno de los posibles sucesores de Rajoy en el cartel presidenciable del PP.

«Uno de los valores más consistentes del Partido Popular, el presidente de la Junta (sic) de Galicia, ha pedido a los gallegos reflexión y mesura en el voto para seguir ‘adelante frente al PSOE, los nacionalistas y Podemos, o como coño se llame en cada sitio’ […]. El hombre físicamente necesitado y carente de capacidad seductora, el macho de amor a cambio de dinero, aunque busque la compañía efímera de una sola mujer, define su intención en plural: ‘Esta noche me voy de putas’, lo cual está muy mal visto por el feminismo recalcitrante que pretende que ese hombre triste y descolocado vaya esa noche de ‘trabajadoras del amor’ […]. De haber dicho Feijóo ‘o como coños se llame’, su reflexión ocuparía un lugar de privilegio en la relación de aciertos semánticos de esta campaña electoral, especialmente grosera y vulgar […]. Lo que hay que hacer para no escribir de la campaña electoral, eso tan costoso, aburrido e inútil», concluye Ildefonso María Ciriaco Cuadrato Ussía Muñoz-Seca, que es la gracia bautismal del sobrino de Miláns del Bosch, el del 23-F. Y a uno le da un poco de miedo. La campaña electoral es «inútil» para Ussía, y no sé si insinúa también que aplicaría el mismo adjetivo al colofón de esa campaña, o sea, a la democracia en rotundo que es el día de las elecciones. Suena todo un poco déjàvu. Lo del coño útil y la campaña inútil. Y, al cerrar la página de Ussía, queda en el aire un rumor como de ruido de sables y de roja paseada. Inquietante, ¿verdad?