Opinion · El repartidor de periódicos

El Papa excomulga a Rajoy

elpais.750Descojónome, con perdón, ante el titular de portada de ayer de El País: “El Papa vincula el cambio climático con la pobreza y la explotación”. Descojónome, con perdón, por dos razones. La primera, porque esto lo llevan diciendo décadas científicos, ecologistas y políticos de izquierda sin que se refleje en lugar alguno. Y menos en portada de El País, periódico aparentemente laico. Y, segundo, porque este Papa no tiene la suficiente formación en ningún ámbito como para que sus palabras sean tomadas en cuenta. Como en cualquier tribu, El País le da la portada y la voz a un hechicero que se cree que un palomo puede preñar a una dama. Lo que dijeron antes los científicos mereció solo la hoguera del silencio. Tiene que venir un cura para que nos hable de economía, de sociología y de ciencia.

No me imagino al Marca titulando en portada: “Bergoglio vincula las victorias del Barça con el hecho de que a Messi le apoden D10s”. Ni a Vanity Fair o Vogue abriendo sus secciones de moda masculina en este plan: “El Papa achaca la desafección del pueblo con la iglesia a la excesiva largueza de las faldas de los sacerdotes sexis”.

Desde un punto de vista mínimamente racional, el Papa es solo el jefe de Estado de un país pequeñito y totalitarista, llamado Vaticano, en el que no existe derecho a voto de consejo cardenalicio para abajo, ni se tiene mucho en cuenta a las mujeres. Otorgarle la portada del periódico más vendido de España al jefe de esa aldea superchera y machista me parece excesivo. Leyendo la portada de El País, a uno, que es muy abierto de ideas, le da por proponer una nueva redacción al artículo 16.3 de nuestra Constitución: “Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación que la de ser un poco meapilas”.

En clave de política interior, la portada de El País no deja de aventar un tsunami o gran resolpado electoralista. Bergoglio, con sus palabras sobre cambio climático, niega la consistencia ideológica de Mariano Rajoy y pone en bandeja el voto a Podemos. Porque Rajoy, con lo del cambio climático, tiene las ideas muy claras y muy anticristianas: “Voy a hablar de un primo mío, que es catedrático de Física de una universidad de Sevilla. Y, entonces, preguntado sobre este asunto, dijo: ‘Oiga, he traído aquí a diez de los más importantes científicos del mundo. Y ninguno me ha garantizado el tiempo que iba a hacer mañana en Sevilla. ¿Cómo puede alguien predecir lo que va a pasar en el mundo dentro de 300 años?’ No lo sé. No lo sé. Es un asunto al que hay que estar muy atentos pero, en fin, tampoco lo podemos convertir en el gran problema mundial».

A la tesis de estos diez científicos más importantes del mundo, reunidos por el primo de Rajoy, se opone ahora Su Santidad con una encíclica de parecido talante en cuanto a seriedad metodológica y basamento empírico, que Bergoglio resumía así: «Esta casa nuestra se está arruinando y es algo que nos perjudica a todos, especialmente a los más pobres. El mío es, por tanto, un llamamiento a la responsabilidad basado en en la tarea que Dios confió al ser humano en la creación: cultivar y custodiar el jardín en que lo puso. Invito a todos a acoger con el corazón abierto este documento, que se sitúa en la línea de la doctrina social de la iglesia», leo en La Razón la comparecencia del papa tras la audiencia general.

Al día siguiente, o sea hoy, continúo rastreando la disputa intelectual entre los que gobiernan como dios manda y el emisario de Dios en la Tierra, y ahí continúa El País, conciliando un día más el Lancet con los evangelios en portada: «El Papa liquida las tesis de la derecha católica sobre el cambio climático». Nada de la excomunión de Rajoy, de su primo sevillano ni de los diez científicos. La iglesia ya no es lo que era. Con Galileo se lo montaron bastante mejor.

larazon.750La capilla de Colau

En viviendo en el país de aconfesional meapilez arriba descrito, no sorprende que esta semanita política apeste a incienso. Pasen y lean, otra vez, La Razón: Vuelven los fantasmas, el misterio de la cripta de Colau, titula el diario planetario una breve pero significativa pieza de su página 7 de hoy: «Parece que la alcaldesa de Barcelona ha empezado a airear los viejos fantasmas que tan eficaces le son a la izquierda más retrógrada. Ayer, una concejala y colaboradora de Ada Colau, Gala Pin, «descubrió» una capilla en el Ayuntamiento de la Ciudad Condal. Aterrorizada, hizo una fotografía que subió a Twitter con el siguiente comentario: «Rincones secretos en el ayuntamiento que apuntan a un necesario cambio de uso. Capilla con La Moreneta que se hizo hacer Porcioles…». De momento, ha anunciado su desacralización. No es el único elemento religioso que hay en la casa consistorial, como es lógico en un edificio histórico. En las vidrieras puede verse a Santa Eulalia y Santa María de Cervelló, San Severo y San Olegario, además de San Sebastián. ¿Qué harán con ellos? Lo sorprendente es que en la candidatura de Colau hay un partido liderado por la monja Teresa Forcades«. Otra papisa herética, como Bergoglio.

Y no olvidemos a la matacuras Rita Maestre, portavoz del ayuntamiento madrileño de Manuela Carmena, e imputada por asaltar en 2011 la capilla de la Universidad Complutense para denunciar el uso religioso de espacios que deberían estar reservados a la rigurosidad científica del primo de Rajoy, por poner un ejemplo. Sacaba esta semana el mismo periódico imágenes de Maestre pegando voces y en sujetador durante aquella protesta, acompañadas de una beatífica columna firmada por el no menos arcangélico Abel Hernández. La profanación de la política, se titula esta otra encíclica pedánea que advierte de que «las guerras contra la religión en España nunca han dado buen resultado». Razón lleva, sobre todo desde el punto de vista de las víctimas de la Inquisición o de la represión franquista. Al lorito: «La partisana, concejala y portavoz dice que no dimite ni se arrepiente y que cuenta con la complicidad de la jueza-alcalde, que le ha aconsejado que para evitar la condena del delito que se le imputa tiene derecho a mentir. Con este sabio consejo, ella niega los hechos. El jefe de Podemos la apoya, argumentando que la imputación sólo obliga a dimitir en caso de corrupción. Todo se reduce a un tamayazo desestabilizador. Pero el caso es que en todos los países democráticos si un político miente, aunque sea para evitar la trena, tiene que dejar el cargo. O sea, que la dimisión de cualquier político es obligada no sólo por meter la mano en la caja común, que por supuesto, sino por mentir y por otras imputaciones. Cientos de miles de madrileños no se sienten ya representados por semejante personaje ni por la recién constituida corporación municipal. El desgaste es galopante. El caso de Rita Maestre, lo mismo que el de Guillermo Zapata y Pablo Soto, está perjudicando seriamente la imagen regeneracionista de Podemos y de Manuela Carmena. En cualquier país serio de nuestro entorno democrático, los tres estarían ya fuera del Ayuntamiento. Es natural que las tornas de la crítica se vuelvan contra ellos. ¿Qué esperaban? Son los principales responsables de la desestabilización municipal. En las redes sociales se habla ya de «chusma» en las listas de la nueva formación política, de «caterva», de «calaña» y otra lindezas, que no desmerecen nada de la «casta». De la profanación de una capilla se ha pasado a la profanación de la política».

Uno, sin embargo, no necesita acudir a las redes para encontrar los gruesos adjetivos que rastrea el cainita Abel Hernández en twitter. Se caza mucho mejor el gamusino adjetival en los periódicos de la diestra, que están desatados. Aquí va un Antonio Burgos, en ABC. No os sintáis muy insultados: «En España los pelusos y la chusma que llenaron la Puerta del Sol en el 15-M famoso llamaban casta a los dos partidos turnantes. He dicho «turnantes», ¿eh?, no tunantes, que era de lo que gentuza poco aficionada a la ducha y al champú capilar calificaban al PP y al PSOE. La culpa de todos los males de la Patria (ellos no decían Patria, obviamente) la tenían los dos partidos turnantes que aseguraban la estabilidad desde la Transición; esto es, el PSOE y el PP. A los que la inspiración del anónimo poeta popular de las rimas facilongas para uso del Tonto del Megáfono en las manifestaciones dedicó el sublime pareado: PSOE y PP, la misma mierda es».

Tampoco Ignacio Camacho, en el mismo periódico, peca de fineza con el enemigo: «Con esta mentalidad de okupas que traen imbuida de su reciente pasado de asaltatapias, muchos nuevos ediles de la izquierda podémica y cimarrona han dado en considerar que su llegada a los ayuntamientos constituye un hito revolucionario comparable a la toma del Palacio de Invierno. Una suerte de golpe antisistema en vez de un acto de integración en él, que es en lo que efectivamente consiste. Y han escenificado sus tomas de posesión con discursitos de rebeldía que no se atreverían a pronunciar ni en la graduación del bachillerato, en el supuesto de que lo hayan terminado. Es una historia antigua que viene de la famosa muletilla batasuna del «imperativo legal», enriquecida por esta tropa adanista con matracas y estrambotes presuntamente subversivos para enmascarar su evidente abandono de la insurgencia y su ingreso en la nómina del pesebre presupuestario».

Más comedido se muestra el adorable José María Carrascal, que solo califica al pueblo soberano de simple: «Me quedan sólo unas líneas que aprovecho para decir que ésta es una historia vieja y predecible. Quienes llegan presentándose como limpios y puros, son los más de temer, al ser incapaces de ver sus carencias, que tienen como todo ser humano. Encandilan a los más simples e indignados, para hacerse con lo único que les interesa y han elegido como nombre: el poder. Lo malo es que, ya en él, hacen lo que quieren y obligan a hacerlo a los demás, empezando por quienes les han ayudado a obtenerlo, que merecido lo tienen. Tenemos».

Mientras, en una radio, el cada día más regresado al redil Pablo Iglesias negaba a Maestre como San Pedro a Cristo: «Se equivocaron. No me gustó». Cualquier día de estos me lo ficha el ABC. O el Papa, para sus encíclicas. Ay, me olvidaba: y amén.