Opinion · El repartidor de periódicos

Irene Villa, entre el silencio y la odiorrea

Y resulta que, como solo sucede bajo extrañas conjunciones astrales, el amor se hizo cómplice del humor. Y viceversa. Y entonces funcionó la justicia. Pero los periódicos no se hicieron mucho eco. En la misma semana en que entraba en vigor la Ley Mordaza, Irene Villa enviaba al juez Santiago Pedraz una carta reafirmando que no se había sentido ofendida ni humillada por el chiste que el concejal madrileño Guillermo Zapata (Ahora Madrid) reprodujo en twitter: «Han tenido que cerrar el cementerio de las niñas de Alcasser para que no vaya Irene Villa a por repuestos».

abc.200Lo primero que ha de confesar este estúpido, insensible, frívolo, irrelevante, tendencioso y zafio cronista es que nunca imaginó que Irene Villa fuera a protagonizar el más bello gesto político que uno haya visto, quizá, en el curso de esta titubeante y perezosa democracia. Siento no haberte oído venir, compañera Irene, pero es que te rondaba mucho por la Cope, 13TV  y en ese fascioplán, y te prejuzgué asquerosamente. Por encima del violento tango que bailan Grecia y la Troika, por encima del órdago asesino de Aznar a Rajoy en ABC, por encima de la caricia del cepillo del IRPF, por encima de la acusación directa de Luis Bárcenas a Rajoy y Aznar, entre otros preeminentes asuntos, la declaración de Irene Villa me pareció la única noticia de la semana con músculo para pasar a la Historia. Es el más alto grito de reconciliación que se ha escuchado en España desde hace demasiado tiempo, me decía yo ayer día. Pero esta madrugada, tras esperar impaciente la fulgente portada en los periódicos, me di cuenta de que estaba equivocado. El gesto de Irene Villa es solo una noticia de página gregaria. Los periódicos de papel apenas le dan importancia, o la ignoran, o la infantilizan, o sea que soy yo el equivocado.

Buscando portadas de hace muy pocos días, me encuentro decenas con la cara del cuitado de Zapata imputado. Hoy ningún periódico lleva a Irene Villa a su primera plana. Creo que tenemos que hacérnoslo mirar. Irene Villa se ha convertido en el enemigo informativo número uno de la prensa de derechas. Pero es víctima de ETA y no pueden insultarla. Así que la ignoran.

elmundo.750El Mundo ni recoge la noticia. La triviliza hasta la sección Trending Topic de su última página. El jueves de la semana pasada, la citación de Zapata era la segunda noticia de portada. Hoy el gesto de Irene Villa ni siquiera se merece una flechita para arriba en su sección Vox Populi. Sí se la otorgan al ganador de la tercera edición de Masterchef, que no sé lo que es ni quiero saberlo. Ya he indicado antes que, en lo referente a este asunto, debo de ser yo el equivocado. No tiene mayor importancia.

ABC tampoco abre su portada/2 con las palabras de paz de Irene Villa al juez, sino con la posibilidad de que la Fiscalía recurra el archivo de la causa. Y, ya que paz les rimaba con Pedraz, se inclinan a favor de la palabra odio. Así titulan su editorial: El juez Pedraz y la banalización del odio. Solo se cita una vez a la víctima, pero para contradecirla: «El capítulo del Código Penal sobre los delitos de terrorismo es complejo, pero es difícil pensar que, aunque Irene Villa no se sienta ofendida, eso excluya de modo genérico una humillación brutal a muchas otras víctimas». Es una innovación jurídica y epistemológica muy moderna la que sugiere ABC: no escuchar a la parte para condenarlo todo. No es metonimia ni sinécdoque. Habrá que buscarle nombre al nuevo tropo. Al juez Pedraz sí que se le pone fino: «En un Estado de Derecho es obligado –resignado, en este caso– acatar decisiones como la de Pedraz, pero demuestran que la Justicia no goza de buena salud […]. Ahora [Guillermo Zapata] seguirá en su cargo avalado por un auto judicial irritante». Que no irrita a la supuesta víctima, pero eso a ABC le da un poquito como igual.

Más estupefaciente se pone el diario que dirige Bieito Rubido en la 10, sección Enfoque: Metamorfosis Zapata, se titula la pieza. Es toda una página dedicada al estilismo de Zapata, en plan Vogue perrofláutico, y no tiene desperdicio: «El día que tuvo que salir a escena […] solo le faltaba una bandera del Estado Islámico a la espalda para terminar de confundir al gran público […]. Exculpado por Irene Villa –víctima de sus humillantes e infames chanzas– y liberado de toda culpa por el juez Pedraz, el concejal Zapata renace con una camisa de corte occidental y un afeitado más o menos cristiano. El hábito no hace al monje, pero hay que reconocer que se ha esforzado bastante para cambiar de look y dejar de inquietar a un electorado al que Podemos trata ahora de camelar con suavidad y con la mejor de sus sonrisas. El concejal Zapata es ahora de gominola». Literariamente es impecable, pero periodísticamente nos falta el dato de cómo iba vestida Irene Villa el día en que no se sintió ofendida. ¿Iría islamista o con un afeitado más o menos cristiano, se pregunta el parroquiano de a pie?

Cuatro páginas después, el inimitable (por suerte) Hermann Tertsch vierte un vómito de necrofilia sobre la blanca generosidad de la dama de la que hoy os hablo: «[Zapata] Tenía que haberse reído de las víctimas que ideológicamente se pudieran encuadrar en el bando comunista al que pertenece. Ni una broma para partirse de risa de las carnes blandas de Rosa Luxemburgo al sacarla fiambre del canal Landswehr de Berlín, ni propuestas de fornicación con el cadáver del Che Guevara, ni soeces sugerencias pornográficas con los compañeros de la alcaldesa Manuela Carmena, asesinados en su despacho de abogados de Atocha».

A la opinión de la presunta ofendida, cuyo nombre ya no es necesario repetir aunque ella lo merezca, Tertsch solo le dedica una frase de su extensa odiorrea: «Una carta de Irene Villa le ha bastado [al juez] para desestimar la querella». Ni una sola vez más alude a la carta y razones de la testigo. Lo que dice Irene Villa es, otra vez, irrelevante. Santiago Pedraz tampoco gana con Tertsch un nuevo amigo: «No voy a debatir de leyes con un magistrado. Ni siquiera con uno célebre por la prisa que parece tener siempre por hacer caso a los dictados de la ternura».

Los dictados de la ternura.

Hay gente que ha dado dos piernas para que hagamos caso a los dictados de la ternura.

Y a mí no me parece tan mal que un juez se deje llevar por ellos.

Pero ya he repetido varias veces aquí que debo estar equivocado. Que lo que ha dicho y hecho Irene Villa es algo baladí que no merece la atención de los periodistas serios y a mí me tiene el cerebro enloquecido.

Pues tampoco La Razón, a pesar de su larga tradición centro-lisérgica, le da importancia al asunto ni a las palabras y hechos de Irene Villa. Una fría e intranquila página 14 recoge declaraciones de Daniel Portero («¿Se atreve alguien a hacer humor negro conmigo o mi padre asesinado?»), de Guillermo Zapata («Nos ha dado, y a mí desde luego, una lección de generosidad, una lección de dignidad»), del portavoz de la comunidad judía de Madrid («seguimos esperando sus disculpas»). Pero ni una frase de la carta de Irene Villa al juez Pedraz. Se conoce que, en este debate, la opinión de Irene Villa carece de relevancia alguna.

elmundo.750 (1)Sé que es absurdo repasar la prensa semanal dedicándome solo a esta nimiedad informativa de Irene Villa, cuando están los temas mucho más astrológicos de Chacón haciendo un strep-tease federalista/nacionalista desde el PSOE, la entrevista implosiva de Aznar sobre Rajoy, la cena de Juan Carlos I con todos los presidentes vivos para decirse nada, el laberinto griego, el IRPF, la confesión de Gerardo Díaz Ferrán o las revelaciones de Bárcenas sobre una caja B que manejaron primero Manuel Fraga, después José María Aznar y otrora Mariano Rajoy.

Pero me siento incapaz de escribir sobre cosas menos baladís e ingenuas que el gesto de Irene Villa.

Es como si el resto de noticias y declaraciones me parecieran indiferentes, sucias, odiosas y escasamente inmortales.

Supongo que me ha pasado lo que dice Terstch de Pedraz.

Me estoy dejando llevar por los perversos dictados de la ternura.