El repartidor de periódicos

El trapo, el fútbol y Alf

 

Ci7cMinXEAApxiX.jpg largeEspaña es un mainstream adelantado a su tiempo, que ya es difícil. Para los paletos que no sabemos lo que es un mainstream, señalar que significa corriente principal. Aquí, antes, mainstream se decía moda, o tendencia, pero ahora se dice mainstream. A mí, menos español que confeso apátrida, pronunciar mainstream me resulta difícil. Considero más saludable recurrir al muy castizo término mindstream. Que políglotamente utilizan algunos anglófilos que no creen en los mapas. Pero que se dignan a entender la lengua y la cultura, si la hubiere, de los otros.

No son muchos, pero hay que darle tiempo al segundero, que es una aguja que se clava y se clava en nosotros. Es la acupuntura de la vida y de la muerte.

Como ya cualquier lector avezado habrá advertido, estoy hablando de fútbol. El arte alfa. Por delante del trivium y el quadrivium. Y que conste que me gusta mucho el fútbol, porque al final al balón no lo alancean.

El caso (y quizá ocaso) es que los periódicos españoles llevan casi una semana discutiendo sobre si a la final de la Copa del Rey, Sevilla-Barcelona, el respetable puede llevar un trapo con determinados colores o no puede llevar un trapo con determinados colores. Nuestra delegada del Gobierno en Madrid, Concepción Dancausa, prohibió a los asistentes a dicho partido llevar un trapo con determinados colores, pues podría desegurizar la seguridad nacional. Ayer un juez le quitó la razón a tamaño despropósito textil, y los seguidores del Sevilla y del Barcelona podrán entrar al Vicente Calderón trapos con determinados colores. Incluso banderas de Snoopy, camisetas de Bob Esponja, braguitas estampadas con el rostro de Enrique Iglesias o Farruquito, y esteladas.

Jolín.

No sé qué vamos a hacer con tanta libertad.

Como no podría ser de otro modo ante asunto tan trascendente para nuestra seguridad nacional como el trapo en el fútbol, nuestros periódicos han asumido el reto de abordar el dilema deontológica y ontológicamente, implementando equipos de investigación periodística conformados por un becario, dos vicedirectores, tres publicistas, cuatro mamporreros de recursos humanos y cinco ex senadores bostezando millonariamente en el consejo de administración. No les dan el Pulitzer anticipado porque no caben tantas neuronas en un solo premio.

El derroche de recursos intelectuales se nota mucho, por ejemplo y al azar, en El Mundo de hoy. A pesar de concederle el titular de portada al asunto del trapo, la estelada, la bandera, o como quiera llamársele al jirón --El Parlament relanza la desconexión tras el fiasco de la estelada--, solo le otorga en su página editorial el faldón bajero: Ahora toca respetar todos los símbolos.

Volvemos a hablar de la prohibición de un trapo, por si alguien se ha perdido. Prohición de trapo dictada por nuestro gobierno que ayer un juez anuló porque era una fascistada.

Dice el editorial de El Mundo: "El asunto había generado una gran controversia. Y había sido hábilmente utilizado por algunos dirigentes nacionalistas para tratar de politizar, una vez más, un partido [de fútbol] de gran interés".

O sea: yo (PP) prohíbo políticamente un trapo, pero eres tú (dirigente nacionalista) el culpable de politizarlo.

Ítem más: "Resulta extemporánea la reacción del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, que tras conocer el fallo se desdijo y anunció que ahora sí acudirá a presenciar el partido".

O sea: Puigdemont va a ver un partido, el PP dice que en ese partido se prohibe un trapo; Puigdemont, oh musas, dice que él no va a un partido en el que se prohíben trapos; un juez, oh casualidad, permite los trapos. Y Puigdemont "se desdice" (¿de qué, si fue su posición inicial?) y sí va al partido.

Contiúa el periódico de la bola --hoy, en los dos sentidos: "Sigue siendo un disparate que el presidente de los catalanes se hubiera negado a acudir a un partido".

Trapos y partidos de fútbol. ¿No hay nadie ahí fuera que comparta conmigo otros temas más fútiles en qué pensar? Me llamo Alf, no tengo curro, me han desahuciado, soy extraterrestre y no soy guapo para ninguno de los cien sexos. Llámame.